sábado, 14 de octubre de 2017

Gastando zapatillas en Russell y en el Hururu Falls track!!!

By Sole

Con los tickets de regreso en mano desembarcamos en Russell...

Nos encontramos con un pequeño pueblo, muy pintoresco, con casas coloniales y una costanera para caminar o sentarse a la sombra de los árboles en uno de los tantos bancos. Divino! Parecía salido de una novela histórica.






Siendo las 13:00 había hambre… así que fuimos directamente a buscar un take away para comer algo sencillo y rápido! Estando en un pueblo costero que mejor idea que Fish & Chips? Siguiendo la costumbre de los ancestros británicos, cuando uno busca comidas típicas del país justamente se encuentra con este modesto pero riquísimo platillo. Con solo caminar dos cuadras encontramos lo que buscábamos.

Compramos una porción para compartir ($7,5) y nos fuimos a uno de los bancos de pícnic que estaba en un parquecito calle de por medio de la costa. Cuando abrimos el paquete que nos habían dado nos sorprendió que la comida viniera directamente en el papel, sin bandeja; solamente tuvimos que tener un poco más de cuidado del habitual para no hacer ningún desastre…

Todo estuvo bien hasta que apareció una gaviota a pocos metros. Luego apareció una segunda, terminando con una bandada de pájaros alrededor atraídos por el olor a pescado frito. Con miedo de quedarnos sin almuerzo y la imposibilidad de espantar tantos pájaros (por más que hicimos el intento se alejaban unos centímetros y luego regresaban), optamos por desplazarnos unos 100 metros hacia un banco de plaza del otro extremo del parque. Comimos un par de papas (la minúscula porción de pescado ya había desaparecido), y otra vez la situación volvió a repetirse. Mientras uno tomaba un bocado el otro espantaba las aves… Una pesadilla!!! Desde ese momento se ganaron nuestra antipatía.

Voy a hacer un comentario sobre uno de los temas que muchas veces preocupan a las mujeres… baños!!! Justo en el parque, a unos metros de donde estábamos, había baños públicos identificados con los clásicos carteles; primando el sentido común la mayoría eran de mujeres. Con desconfianza mandé a mi “conejillo de indias” a investigar uno de los que tenía un “hombrecito” en la puerta. Minutos después regresó con grandes noticias! Estaban limpios!!! Con esta información fui a inspeccionar los de mujeres quedando maravillada!!! Baño limpio, sin olor, con papel higiénico, jabón y secador eléctrico de manos en funcionamiento, en medio de una plaza, y sin nadie cobrando… algo que ni siquiera sucede en los países que se autodenominan del primer mundo. Sin dudas se ganaron el primer puesto en calidad y limpieza de baños públicos.

Cuando habíamos buscado que se podía hacer en el pueblo, habíamos visto que había dos caminatas muy sencillas de unos 500 metros. Estaba tácitamente entendido que íbamos a hacerlas. Desde donde estábamos fuimos caminando hacia la izquierda, hasta donde terminaba la calle, y tras una cantidad incierta de metros –algunos en subida- llegamos a Kororareka Scenic Reserve. Al inicio del camino notamos un cartel que indicaba la prohibición de ingresar con perros por ser área protegida de kiwis (por lo que leímos los perros son uno de los tantos predadores). A medida que fuimos avanzando nos adentramos en un bosque en el que la humedad ambiente era tal que hasta se sentía en la piel; un grato alivio al calor de fin de primavera intensificado por el esfuerzo de la subida y el pavimento en el que se reflejaba el sol del mediodía. En menos de 10 minutos volvimos a salir a la calle, reencontrándonos con la civilización. Unos metros más adelante nos topamos con la entrada al Nancy Fladgate track. Este minisendero de unos 500 metros discurría por un bosque regenerado –ya en un ambiente más seco que el anterior- terminando en la playa, más precisamente en Waihihi Bay. Ambas caminatas eran muy sencillas, sin desniveles, ideales para iniciar a los niños en el senderismo.


Kororareka Scenic Reserve



Nancy Fladgate track

En 15 minutos estábamos en una playita de escasa extensión delimitada por piedras. Apenas subimos a las rocas para ver que había al otro lado notando la presencia de otra playa de similares características; al estar baja la marea era posible hacer el recorrido costero… pero como esa no era nuestra intención dimos media vuelta y regresamos por donde habíamos ido. En el camino nos topamos con una pareja de pájaros que cruzaban el sendero, en medio de nuestra ignorancia evaluamos la posibilidad de que fuesen kiwis. “Cómo se ve un kiwi?” Nos preguntamos… “Sera como la fruta pero con plumitas…”, supusimos. Como pudimos les sacamos un par de fotos para después comparar con las de Internet, descubriendo con mucha decepción que apenas se trataba de un rascón weka (Gallirallus australis).




Con los minutos casi contados volvimos al muelle a tomar el ferry de las 15 horas. Al igual que los choferes de micro, los “capitanes” de los ferris eran multitasking… el mismo hombre chequeaba los tickets, desamarraba la embarcación y estaba a cargo de su navegación, como si se tratase de un colectivo.

Tras desembarcar en Paihia emprendimos la caminata a las Haruru Falls; uno de los hiking que teníamos previstos en la ciudad. Fuimos caminando por la costa hasta la desembocadura del río Waitangi. A diferencia del día previo esta vez cruzamos el puente, dejando atrás Paihia y entrando en Waitangi. Esta zona tiene gran importancia histórica ya que fue el lugar donde se firmó la declaración de la Independencia de Nueva Zelanda por parte de los jefes maoríes en 1835, y cinco años más tarde el tratado de Waitangi entre estos y el representante de la corona británica. Es interesante remarcar que había dos versiones del documento, una en maorí donde se aceptaba la permanencia de los británicos con la protección por parte de la corona, y una en inglés, en la que los originarios se sometían a la reina a cambio de la protección de la misma. A pesar de estas discrepancias, por no decir engaño por parte de los ingleses, se lo considera un documento fundacional del país. Justamente una de las atracciones de la localidad es el “Treaty Ground” que engloba el Museo de Waitangi, la Treaty House con una réplica del tratado, una típica casa maorí en madera tallada, y una de sus canoas de guerra más grandes. Como no nos generaba el interés suficiente, seguimos de largo y decidimos invertir el dinero de la entrada en otra cosa.

Caminamos unos 300 metros por la calle que corría entre el Treaty Ground y el Waitangi Golf Club; justamente junto a la entrada del campo de golf estaba el inicio del sendero a las Haruru Falls. Este era de 5 kilómetros, con un tiempo estimado de una hora y media cada trayecto (o sea, 1:30 horas para ir, y 1:30 horas para volver).



A pesar de estar cansados iniciamos el recorrido a un buen ritmo. En el primer tramo nos encontramos con un bosque con algunos árboles que parecían palmeras y helechos al mismo tiempo; no podíamos definir a que familia pertenecían. El ambiente, diferente a otros en los que hubiésemos estado, y la falta de desniveles hicieron que la caminata fuese muy agradable. Cruzamos el río Waitangi por un puente muy pro que se continuaba con un entarimado que recorría una zona de manglares.

Helecho o palmera???

Río Waitangi

Manglares

Hagamos un stop acá para ponerlos en tema… qué son los manglares? Entre la información de los carteles y alguna que otra cosa que leímos, les cuento que ahora sé que son bosques pantanosos con unas pocas especies que se caracterizan por tolerar condiciones extremas de salinidad y bajas tensiones de oxígeno en el agua y el suelo. Eran muy curiosas las raíces verticales ascendentes que sobresalían del agua como pequeños tronquitos; según el nivel de la marea suelen estar cubiertas en mayor o menor medida por el agua. Nos pareció super interesante, nunca habíamos visto nada igual.

Luego, el sendero comenzaba a correr paralelo al río –en algunos sectores era más visible que otros-, cambiando otra vez el paisaje, y aumentando notablemente la presencia de aves. Nos llamaron mucho la atención un par de árboles que estaban llenos de pájaros de gran tamaño, dispuestos en parejas junto a sus nidos. Consulta mediante a un biólogo que sabe muchísimo de animales, hoy sabemos que se trataba de ejemplares de cormorán de Macquarie (Leucocarbo purpurascens). Como podrán imaginar fuimos haciendo varias paradas atraídos por las curiosidades de la naturaleza con las que nos fuimos cruzando.



Luego de caminar durante una hora y diez minutos llegamos a una bifurcación optando por la opción que iba hacia las cataratas en lugar del estacionamiento… también se podía llegar a las cataratas con un mínimo esfuerzo dejando el auto ahí y caminando apenas unos metros. Un par de minutos después estábamos frente a las “cataratas”. Creo que mis expectativas eran demasiado altas haciendo que al llegar y estar frente a las “falls” me decepcionara un poco. Las cataratas en sí estaban bien, con una caída de agua interesante en forma de herradura con una extensión de unos 10 a 15 metros, y unos 5 de altura; salvo que uno visite las cataratas del Iguazú o Victoria no espera encontrarse con algo maravilloso. Lo que sí me resultó decepcionante fue el puente que había a muy pocos metros del agua, los reflectores y todas las construcciones de los alrededores que las ponían en contexto de la civilización. De hecho, de la costa de enfrente a la que estábamos había varias casas con parques con vista a la caída de agua. En este caso el recorrido valió 100 veces más la pena que el destino.



En esta que tomamos prestada de la web se ve el puente

Nos sentamos en unas piedras y comimos unas Belvitas de chocolate mirando las cataratas mientras tomábamos fuerzas para regresar… con energías que no sé de donde sacamos, en pocos minutos ya estábamos transitando el mismo sendero en sentido contrario. Esta vez al cansancio sumado al malestar de la espalda de Seba –su punto débil- hicieron que tardemos un ratito más que a la ida, y que literalmente nos arrastráramos los casi dos kilómetros que separaban el inicio del sendero del hotel. De camino paramos para sacar unas fotos de varios tótems maoríes que estaban en un parque, y comprar unas bebidas en una despensa.



Agotados, regresamos al motel donde nos regalamos un rato de descanso y una picadita pre cena con los infaltables maníes acompañados de una Ginger Beer Bundaberg. Por más que beer o cerveza en general haga referencia a la bebida alcohólica de cebada fermentadas, en este caso se trataba de una gaseosa sin alcohol hecha a base de raíces de jengibre y azúcar fermentado por levaduras. Por lo que me leímos es una bebida muy popular en Reino Unido y sus colonias creada en Yorkshire (Inglaterra) a mediados del siglo XVIII. Con los días fuimos descubriendo en los sucesivos supermercados otras marcas y versiones light.



Nos bañamos y concluimos el día con una clásica ensalada de vacaciones de tomate, zanahoria, pepino y atún (ingrediente fundamental cuando el alojamiento no tiene aceite). A las 10 de la noche ya estábamos en la cama…

Anterior/ siguiente

sábado, 7 de octubre de 2017

Arrancando las vacaciones en Paihia: delfines, islas y senderos con corderitos

By Sole 

26 de Noviembre 2016

Estábamos tan cansados que habíamos olvidado desconectar el wifi del celular, despertándonos a las 3 de la mañana cuando comenzaron a caer mensajes de Whatsapp!!! Noooo!!! Tip: Si viajan al otro lado del mundo, no olviden apagar el celular, silenciarlo o dejarlo sin conexión de Internet durante la noche para evitar estos inconvenientes… Con algo de dificultad conseguimos seguir durmiendo hasta las 7.

Había amanecido sin lluvia, con el cielo parcialmente nublado y una temperatura que rondaba los 16°C. Considerando como había estado el día previo, respiramos aliviados. Mientras nos conectábamos con la realidad, preparamos el desayuno y nos sentamos en el balcón a tomar el té, con tostadas de pan negro con queso Philadelphia (no tenía el clásico y delicioso sabor de la versión norteamericana), mandarina y yogur. Desayuno completito!!!




A las 8:30 horas ya estábamos rumbo al puerto; la ciudad comenzaba a tomar vida a medida que los negocios iban abriendo. Todo tiene otro color y resulta más lindo cuando uno mira el mismo paisaje sin lluvia... este lugar no era la excepción. Por alguna razón, cuando nos acercamos a la costa, se nos vinieron a la cabeza recuerdos de la visita al pequeño pueblo pesquero de Hermanus en Sudáfrica.




Entre sacar fotos y recorrer algunos de los locales se hizo el horario de abordar el catamarán. Como apenas había una resolana y no hacía mucho frío, nos sentamos en los asientos externos de la embarcación. La mayor parte de los compañeros de excursión tenían aspecto de gringos. Además de los angloparlantes, identificamos una pareja de italianos y una familia que podría ser de India o algún país de esa zona. Como dato curioso, tanto el capitán y casi todo el resto de la tripulación eran mujeres; pulgares arriba para la apertura mental de esa parte del mundo!!!




Arrancamos el viaje cruzando a Russell, deteniéndonos unos 10 minutos después en su pequeño puerto para que subieran los pasajeros que faltaban. Con todos a bordo comenzó la excursión propiamente dicha, y lo digo en serio… a pocos de partir, antes de que la embarcación comenzara a acelerar, la capitana anunció la presencia de delfines en la zona. Dicho esto, a unos 60 metros notamos las aletas dorsales de un par de cetáceos que estaban zambulléndose en el agua. Segundos después vimos otra pareja, y cuando pensábamos que ya habíamos visto todo apareció una tercera!!! Nos pareció increíble la sincronización con que la nadaban, parecía que estaban haciendo una presentación olímpica de nado sincronizado!!! En esos momentos uno no sabe si sacar fotos, filmar u olvidarse de toda la tecnología y simplemente mirar dejando todo grabado en la retina… intentamos sacar algunas fotos, pero nos resultó bastante complicado porque por momentos cambiaban de dirección y en lugar de aparecer donde esperábamos nos sorprendían en otro sitio. En una de esas alternancias de dirección algunos se acercaron tanto al barco que pudimos verlos con lujo de detalles; una de las cosas que más nos sorprendió fue el tamaño, eran mucho más grande de lo que imaginábamos. Era la primera vez que los veíamos en su ambiente natural, y no en una pecera de un acuario. Fue una espectáculo fantástico que duró un par de minutos, y tan abruptamente como había comenzado finalizó.










Continuamos navegando a gran velocidad entre las islas hasta llegar a Motukokato Island (también conocida como Piercy Island o “Hole in the rock”) una formación rocosa sobre elevada con un curioso agujero en su interior que formaba un túnel. Vimos el “hole” de un lado, la bordeamos y lo vimos del otro. Parecía que alguien la había atacado con una gran perforadora haciendo un agujero casi perfecto.


Hole, de un lado

Hole, desde el otro lado

Terminamos frente a frente con el orificio; cuando vi que el catamarán comenzaba a avanzar lentamente en lugar de retroceder lo primero que pensé “This is insane” (luego de vivir un par de días en inglés la cabeza es una ensalada, y parte del pensamiento o las palabras del dialogo terminan siendo en ese idioma). No estábamos en medio de una maniobra para girar el barco, sino que efectivamente íbamos a pasar por ese agujero… y así fue. Avanzamos lentamente por esa cueva de piedra, atravesándola con gran precisión. Cuando vimos que la embarcación había salido intacta respiramos aliviados.




Justo frente a “the hole in the rock” vimos la península de Cape Brett con su simpático faro. Si bien parecía una isla, se trata de una península a la que se puede llegar caminando por un sendero de unos 16 km que va por el filo de las ondulaciones que la conforman. Sin haber investigado demasiado, desde el mar nos dio la impresión de que debía ser de una caminata bastante monótona con muchas subidas y bajadas.




Desde ahí navegamos unos minutos más hacia Urupukapuka Island, donde paramos en el muelle de Otehei Bay. Teníamos 40 minutos en la isla para hacer lo que quisiéramos; la recomendación era tomar alguno de los senderos cortos que partían desde ahí. No hace falta aclarar que ya teníamos guardado en el celular el mapa de la isla con todos sus senderos…




Desembarcamos rápidamente para aprovechar al máximo el limitado tiempo que teníamos; apenas nos iba a alcanzar para hacer el Otehei Bay Loop (tiempo estimado 20-60’). Este sendero discurría por una pradera verde, levemente ondulada, en la que pastaban ovejas con sus crías. Seba no pudo evitar hacer su habitual comentario “mmm, corderitos… que ricos y tiernitos”. La cantidad de heces en los alrededores, incluyendo el sendero, son una clara evidencia del alto consumo de fibra de estos animales; qué otra cosa tienen que hacer durante todo el día además de comer pasto??? Era prácticamente imposible caminar sin pisar los desechos biológicos. Fuimos caminando ligerito, pero sin dejar de prestar atención al paisaje que teníamos alrededor; justamente en la zona más alta había unas vistas muy bonitas de la isla con sus playitas rodeada del mar y las islas vecinas.


Corderitos pastando


Nuestro barco desde lo alto...

Volvimos contentos con haber tenido al menos la posibilidad de hacer esa pequeña caminata por Urupukapuka, aunque no voy a negar que nos quedamos con las ganas de recorrerla en su totalidad entrelazando los distintos senderos (tal como era nuestro plan inicial).

El tiempo voló y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos de nuevo en el catamarán. En el regreso no tuvimos la suerte de volver a ver delfines. Asumo que habiendo cumplido con el avistamiento prometido el esfuerzo por parte de la tripulación para buscar más animales debe haber sido muy escaso… También nos quedamos con ganas de un poco más…

Con la parada en Russell para devolver a los pasajeros que habían subido ahí la excursión estaba prácticamente terminada. Como estaba la posibilidad de bajar ahí y tomar un ferry más tarde para volver a Paihia, optamos por dar un paseo por ese pueblito de gran importancia histórica por haber sido el primer asentamiento, capital y puerto de esas tierras que con tiempo pasarían a llamarse Nueva Zelanda. Como lo he comentado previamente, Russell no estaba en nuestros planes (Seba estaba bastante negado a visitar el lugar) y justamente esa tarde la teníamos destinada para hacer kayak; el viento y el oleaje del mar que habíamos presenciado fuera de la bahía nos hicieron desestimar totalmente esa opción. Adaptándonos rápidamente a la situación, pedimos los tickets de cortesía para regresar en alguno de los ferris de la misma compañía que parten en forma horaria, y desembarcamos.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Tome avión Buenos Aires- Santiago- Auckland. Tome bus Auckland- Pahia... recalculando!!!

23 de Noviembre de 2016

Ese miércoles por la tarde, luego de haber trabajado toda la mañana, emprendimos nuestra aventura por la lejana Oceanía.

A diferencia de los viajes anteriores partimos de Aeroparque, un verdadero placer para quienes lo tenemos a menos de 30 minutos de casa. Hicimos todos los trámites de rigor y a las 20:20 horas partimos hacia Santiago de Chile, donde teníamos una escala. Dos horas más tarde, tras un vuelo tranquilo en el que recibimos la “cajita feliz LAN” (la ya clásica medialuna con jamón y queso + 1 bon o bon), estábamos del otro lado de la Cordillera. Bajamos del avión dirigiéndonos al sector de transbordo del aeropuerto donde volvimos a pasar por el scanner de seguridad terminando en el área de embarque. Como estábamos de tránsito no tuvimos que hacer migraciones ni retirar el equipaje.

Pasadas las 23:20 horas comenzamos a abordar formando parte de un pasaje variado que incluía un mix de chilenos, brasileños, algún que otro argentino, australianos y neozelandeses. Como no habíamos podido hacer el web check in con anticipación (imposibilidad del sistema por el tipo de vuelo) nos tuvimos que conformar con los asientos disponibles terminamos sentados separado, con un hombre y pasillo de por medio.

Queríamos ajustar el horario de sueño al del lugar de destino… el plan era cenar, mantenernos despiertos hasta que fuesen las 22 o 23 horas de Nueva Zelanda, dormir, desayunar y comenzar el día como si nada. La parte de la cena la cumplimos al pie de la letra. Con algo de hambre y cansancio recibimos las bandejas con ensalada, el guiso de pollo con arroz blanco, y un “mousse” por no decir bodoque de chocolate. Un servicio de catering bastante mediocre como caracteriza a la compañía. Por más que lo intentamos apenas dormimos por ratos, no llegando a las 2 horas en todo el vuelo; lamentablemente no pertenecemos al grupo de gente que sube a la avión y duerme profundamente en forma ininterrumpida durante todo el viaje. En esas 10 horas de vigilia utilizamos el servicio de entretenimiento a bordo a full!!! Por mi parte aproveché para ver dos películas (Me before you y Captain Fantastic), jugar, escuchar música y dar un par de paseos por el avión –regresando al asiento cada vez que la tripulación nos mandaba a todos los inquietos a sentarnos-. Entre estar tantas horas mirando una pantalla y la sequedad del ambiente teníamos los ojos a la miseria; con mis ojos mucho más secos de lo habitual casi me termino el frasco de lágrimas artificiales…

Cuánto falta???

Cuando la tripulación lo decidió se hizo la mañana y llegó el desayuno… significaba que el viaje ya estaba por terminar!!! Esta vez nos tocó una bandejita con unos trocitos de fruta, pan, manteca y mermelada, un muffin y un insulso omelete con champiñones (rechazando el sándwich de jamón y queso calentado al microondas… a quién se le ocurre meter eso en el microondas sabiendo que el pan queda asquerosamente húmedo y gomoso???).

Antes de aterrizar nos dieron un formulario que teníamos que presentar para ingresar a Nueva Zelanda con muchas preguntas sobre lo que llevábamos en el equipaje (frutas, verduras, lácteos y derivados, condimentos, zapatillas o equipo outdoor sucio, etc) a la vez que pasaron un video sobre el tema que advertía sobre el riesgo de multas de hasta $400* si se mentía en esa declaración jurada. Como teníamos dudas sobre algunos alimentos que estábamos llevando (yerba, chocolate y Mantecol®), optamos por marcar el “yes” y consultar.

*Mientras estemos en Nueva Zelanda cada vez que hablemos de "$" nos vamos a estar refiriendo a dólares neozelandeses (NZD).


25 de Noviembre 2016

Habiendo quedado el 24 de noviembre perdido en todos los husos horarios que habíamos atravesado, el 25 a las 5:40 aterrizamos.

Hicimos el trámite de migraciones sin problemas; un empleado muy agradable y sonriente apenas nos hizo algunas preguntas sobre donde nos íbamos a alojar y selló los pasaportes aprobando la entrada con una permanencia en el país por tres meses. Luego presentamos la declaración jurada donde nos preguntaron qué alimentos teníamos en la valija, teniendo especial cuidado en decir “mate infusion” en lugar de “yerba” para evitar confusiones idiomáticas. No parecieron interesado en ninguno de esos productos, así que pasamos sin problemas tras el escaneado habitual de equipaje. Nos dio la impresión que estaban más interesados en vegetales, carnes, lácteos y suciedad en los equipos deportivos. Cuando regresamos del viaje una amiga nos contó que cuando entro declaró tener las zapatillas con barro, y en el mismísimo aeropuerto se las limpiaron antes de permitirle el ingreso. Son muy cuidadosos en el tema de control de plagas para proteger su ecosistema… durante nuestro recorrido veríamos el porqué de tanto cuidado.

Bienvenidos a NZ!!!

Estando ya oficialmente dentro de Nueva Zelanda salimos del aeropuerto; apenas cruzando la calle nos encontramos con la taquilla de “Sky Bus”, el micro rojo que va a la ciudad. Compramos dos tickets con retorno; como tenían fecha abierta aprovechamos el descuento que había respecto a sacar cada tramo por separado ($16 cada tramo sacando el “return ticket” vs $18 cada tramo por separado). Se pueden pagar tanto con efectivo como con tarjeta de crédito, no siendo necesario cambiar dinero en las usureras casas de cambio del aeropuerto.

Nos encontramos con un micro limpio, con un sector especial para las valijas y hasta wifi que funcionaba; estábamos en el primer mundo!!! Mientras manejaba la señora chofer iba hablando por micrófono indicando las paradas.

En el bus

Tal como el servicio meteorológico había pronosticado, estaba nublado con garúa intermitente. Nos entretuvimos durante el viaje viendo los alrededores de la ciudad donde predominaban las casas de aspecto inglés, y una sorprendente cantidad de restaurantes y negocios chinos e indios. En 40 minutos estábamos frente a la icónica torre de Auckland, la Sky City tower (posiblemente la duración del viaje sea mayor en otro horario; nosotros lo habíamos tomado 6:50 AM).

Sky City Tower

Eran las 7:30, teníamos tres horas de espera hasta la salida del bus hacia Paihia. Entre el cansancio y el tempranero desayuno, nada mejor que buscar un café!!! Luego de pasar por una cafetería indio que largaba olor a curry (me encanta el curry, pero a esa hora sinceramente me genera nauseas), terminamos en “Right Café”, frente al Ministry of Justice, y a dos cuadras de la estación de buses y del departamento donde nos íbamos a alojar unos días más tardes cuando regresáramos a Auckland. Pedimos un cappuccino, un latte, un scon de queso y un muffin de frutos rojos ($12) y nos sentamos en una de las mesas libres con todo nuestro equipaje –ocupamos medio local-. Hubo tiempo suficiente para reponer energías, chequear Internet y hasta para leer el diario local.

Second breakfast!!!

Unos 20 minutos antes del horario de partida estábamos en Hobston St 102 esperando para subir al micro. Con la previsión que nos caracteriza habíamos sacado los pasajes por Internet con más de un mes de anticipación; supongo que también se podían sacar en el momento pero con el riesgo de que no hubiese lugar disponible. A diferencia de las listas de papel con los nombres de los pasajeros que solemos ver en Argentina, el chofer tenía una aplicación en el celular con los nombres de los pasajeros, siendo suficiente mostrarle el nombre y código de reserva. Para evitar gastos innecesarios en personal el mismo hombre hacia a la vez de maletero, y posteriormente comentaría el plan de viaje por los altavoces del bus antes de partir.

Nos ubicamos junto a unos pocos pasajeros más, y con una envidiable puntualidad inglesa encendió el motor iniciándose el viaje. Pronto abandonamos las calles del downtown tomando el Auckland Harbour Bridge desde donde se tuvimos una interesante vista panorámica de la ciudad. A los pocos kilómetros hicimos la primera parada para recoger más pasajeros en Albany, descubriendo que los buses de Intercity eran auténticos lecheros que paraban en todos los pueblos.



Fuimos siguiendo la ruta 1 hacia el norte. El camino nos sorprendió gratamente con campos con colinas cubiertas de pasto verde donde pastaba el ganado, principalmente ovino, intercaladas con alguna granja y árboles aislados; por momentos tuvimos la sensación de estar mirando la comarca de los hobbits a través de la ventana. Para hacer el recorrido más entretenido, en algunos tramos la ruta se acercaba a la costa dejando ver en forma intermitente el mar.



Pasamos por una incontable cantidad de poblados que iban desde pequeños caseríos hasta ciudades como el caso de Whangarei. Todos tenían como factor común:
  • la ausencia de edificios, predominando las casas independientes (esas que no comparten medianeras con las vecinas y recuerdo haber estudiado en las clases de inglés como detached houses) con pequeños jardines o patios,
  • al menos un restaurant fast food (podía ser un Mc Donald’s, KFC, Subway),
  • una inmobiliaria (Ray White o Hooker),
  • un War Memorial,
  • una escultura de algún animal o insecto,
  • y la regalería con chucherías navideñas.


En mitad del camino hicimos una parada en Kaiwaka, más precisamente en el parador rutero “The Coffepot” que vendía sándwiches, algunas bollerías, frutas, infusiones y gaseosas. Después de comer tanto pan y bollerías en las horas previas nos conformamos con una banana y una Coca Zero –era fundamental una dosis de cafeína- ($4,25). Nos sentamos a comer la fruta en una mesa de picnic en el exterior, aprovechando a tomar algo de aire. Quince minutos después continuamos viajes.


Destino 1: Paihia

Esta localidad es el principal centro turístico de Bay of Islands, con una población estable que no llega a los 2000 habitantes. Por qué la elegimos? Desde su puerto parten ferries a las islas de la bahía, y tiene un par de senderos de trekking incluyendo uno costero.

A las 14:30 horas finalmente llegamos a Paihia. Bajamos del micro en el puerto que hacia a la vez de estación de buses. Valijas en mano caminamos los 200 metros que nos separaban del Motel Austria. Rápidamente hicimos el check in y subimos a nuestra habitación que estaba en el primer piso por escalera –tarea nada fácil cuando uno tiene una valija de 20 kg-. Quedamos muy conformes con lo que encontramos, sobre todo con el balcón con mesa y sillas.

El puerto de Paihia

Dejamos el equipaje y nos fuimos al “Countdown”, el minimercado que estaba a una cuadra. Entre la escasa variedad de productos elegimos lo básico para armar los desayunos y un par de cenas. Cuando volvíamos comenzó a garuar, convirtiéndose un rato después en una lluvia más intensa que nos impidió salir a merendar; optamos por unos mates con galletitas y pan con queso crema en el hotel. Aprovechamos también ese rato para bañarnos y reevaluar las actividades del día siguiente.

Recalculando: Gran parte de las actividades que habíamos pensado en un principio tuvieron que ser reprogramadas.

Hiking en Urupukapuka Island: Inicialmente esta caminata de unos 7 km era uno de nuestros grandes planes. Cuando comenzamos a averiguar cómo llegar descubrimos que la lancha colectivo que hacía el return trip por $35 recién comenzaba a circular a partir del 1 de diciembre. La única alternativa era tomar un water taxi con capacidad para 6 personas con un costo de $150 cada tramo (siendo apenas 2, nos iba a costar $300 ir y volver; bastante más que los $70 que pensábamos pagar).

Kayaking: queríamos remar un rato por el mar llegando a Muturua Island, una de las 144 islas de la bahía. Entre la lluvia con la que nos habíamos encontrado, y chances de que se repitieran en los días siguientes según el pronóstico, y los fuertes vientos que comprobamos en mar abierto –cuando uno salía del resguardo de la bahía- hicieron que la idea también quedara desechada.

Como un GPS en pleno recorrido hicimos un “recalculando”, y tras analizar varias actividades terminamos decidiéndonos por la excursión en catamarán “Hole in the rock with dolphin seeker” de $105 cada uno (recorría Bay of Island hasta una formación rocosa con un agujero con parada en Urupukapuka island, y aseguraba que hasta en un 90% de las veces se veían delfines), y visitar Russell, una pequeña ciudad vecina que fuera la primera capital de Nueva Zelanda.

Cuando la lluvia amainó un poco fuimos a contratar la excursión para el día siguiente en la compañía Great Sights, y caminamos un rato bajo la garúa por la costanera llegando al puente que cruzaba el Waitangi River. A pesar del sueño teníamos que mantenernos despiertos para cenar a un horario “normal” y no acostarnos tan temprano; si o si teníamos que adaptarnos al horario local.

Al regresar al hotel hicimos una “picadita” pre cena con maní y una sidra de frutilla y lima. Como en varios lugares del mundo, la sidra parece ser una opción más de aperitivo como la cerveza y los tragos. Aprovechando que teníamos una cocina y cero ganas de salir, preparamos con una ensalada, y alrededor de las 22 horas nos fuimos a dormir.

Anterior/ Siguiente

sábado, 23 de septiembre de 2017

América, Europa, Asia, África...y si sumamos Oceanía???

By Sole

Y en el 2016 nos fuimos a... Nueva Zelanda & Australia!!!

Cómo se originó la idea del viaje?

Cuando pienso en cómo surgió el viaje se me vienen a la cabeza imágenes de El Chaltén, más precisamente del sendero que vuelve de Laguna Capri al pueblo. Recuerdo que mientras caminábamos fantaseábamos sobre posibles destinos y lo lindo que sería recibir el siguiente año en un lugar como Australia o Nueva Zelanda. Además, cuando pensábamos en los lugares que habíamos conocido sentíamos que nuestro mapa estaba incompleto si no pintábamos Oceanía.

Cuando planteamos como destino un continente tan lejano y desconocido, o un país tan grande como Australia (el 6° más grande del mundo), o un territorio tan diverso como Nueva Zelanda la elección de los lugares a visitar se hizo más que difícil. La información disponible era tanta que a medida que más buscábamos e investigábamos, más nos perdíamos. El gran desafío era ubicar todo lo que queríamos hacer en las 3 semanas que teníamos de vacaciones, lo que complicaba más aún las cosas.

En la idea original además de esos dos países se barajó la idea de incluir un destino con playa como Fiji e incluso ir más lejos, a Indonesia, y visitar la siempre pendiente Bali. La logística, el precio de los resorts y el tiempo limitado hicieron que quedaran descartadas.



Nueva Zelanda

Los principales dudas que nos planteó este país fue qué hikings elegir y como movernos. Sin dudas, NZ es la tierra de los senderos, son tantos que no creo que alguien alguna vez los haya contado. Notamos que algunos partían de lugares de fácil acceso, y que otros requerían una logística más compleja que por más que fuesen espectaculares los dejamos de lado. Con trabajo fuimos tachando postulantes, quedándonos con una pequeña lista que cubría distintos paisajes (playa, montaña, área volcánica).

Al leer blogs de viajes vimos que era muy común realizar el viaje en motorhome haciendo paradas intermedias en pueblos y pequeñas ciudades. Descubrimos así que existía una gran variedad de empresas que las alquilaban, modelos de casas rodantes (para 2 a 6 personas, con cocina, baño y ducha, o sin ellos, camas fijas o que se plegaban transformándose en asientos, totalmente equipadas o con lo básico requiriendo pagar extra por lo faltante) y precios. Solicitamos presupuestos a varias compañías, recibiendo cotizaciones variables pero todas las respuestas coincidían en que el tiempo mínimo de alquiler era de una semana. Nos hubiera gustado probar la experiencia de dormir y movernos por nuestra cuenta durante unos 3 días por la isla norte, pero una semana nos parecía demasiado... Además cuando uno comienza a calcular el precio de alquiler + combustible + wifi + GPS + aparcamientos con electricidad/ ducha para las noches + transfers en algunos senderos que no son circulares… el número crece rápidamente. Finalmente dejamos la idea de lado y decidimos movernos con los buses de InterCity y dormir en hostels, departamentos u hosterías.


Australia

Es una país con distancias tan grandes que merece un viaje para él solito. En primer lugar anotamos a Sydney, que para mi sorpresa e ignorancia inicial resultó no ser la capital del país, descubriendo luego que la misma es Canberra. Como segundo destino elegimos la pequeña Katoomba, en el corazón de las Blue Mountains, que ofrecía interesantes senderos de hiking con un paisaje totalmente diferente a los de NZ. Lamentablemente, el tiempo no alcanzaba para más…


Cómo llegar?

Sin dudas desde Buenos Aires lo más directo es ir cruzando el Océano Pacífico, aunque también estaba la opción de las grandes compañías aéreas de Oriente Medio (vía Atlántico, con escala en Dubai o Doha, y miles de horas de vuelo). Por tiempos y precio, nos quedamos con las dos aerolíneas que iban por el Pacífico: LAN y Air New Zealand. Cada una tenía sus ventajas y desventajas…

Air New Zealand:
  • Pro:  Vuelos directos Buenos Aires- Auckland
  • Contra: Partía y llegaba al Aeropuerto Internacional de Ezeiza, mayor costo en remis.

 LAN:
  • Pro: Tenía la opción de tomar vuelos que partían y lleguaban a Aeroparque (mucho más cómodo para los que vivimos en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires), menor costo (cuando analizamos qué pasaje comprar).
  • Contra: Escala en Santiago. Habiendo vuelto de viaje sumo el factor demoras (sin disculpas ni compensación por parte de la compañía) y servicio de catering mediocre.

A pesar de que odio los despegues y aterrizajes, compramos los pasajes en LAN priorizando la comodidad de tomar el vuelo en aeroparque (menos de 30 minutos de viaje, $120-150 costo de taxi vs más de 60 minutos de viaje, $500-600 costo de taxi). Cada minuto de translado al aeropuerto y horario de salida del vuelo cuenta cuando uno va a trabajar el mismo día en que se va de vacaciones...


Cuándo ir?

Para mí la respuesta es cualquier momento excepto invierno, salvo que se vayan a practicar deportes invernales como esquí. Cada lugar dependiendo su ubicación en latitud, vientos, y vaya a saber cuántos otros factores tiene temperaturas y precipitaciones muy variadas siendo imprescindible darse una vuelta por las páginas webs que dan información sobre temperaturas y días de lluvia promedios, mínimos y máximos. Con toda esa info se puede tener una idea de qué momento es el más conveniente en función de lo que uno piense hacer.

Durante el viaje experimentamos todas las condiciones climáticas –esquivamos por poco una nevada-, y nos pusimos desde el traje de baño hasta camperas, gorro de lana y guantes…


Otros aspectos a tener en cuenta:

Salud

Al ser un destino de primer mundo que no tiene ningún requerimiento especial de vacunas esta vez no hicimos nuestra habitual consulta a medicina del viajero. Llevamos el botiquín de viaje con medicación para el dolor, alergia, resfrío, vómitos, mareos y diarrea. También armamos uno más pequeño de primeros auxilios para los días de hiking con desinfectante, gasas, vendas y cinta adhesiva por eventuales accidentes.

Los seguros de viajero que ofrecen las tarjetas de crédito son suficientes salvo que vayan a realizar actividades de riesgo como escalada o deportes extremos que requieren coberturas especiales.


Visas

NZ no requiere visa de entrada.
Como íbamos a entrar a Australia con pasaporte argentino tuvimos que tramitar con anticipación en forma virtual la visa electrónica. Se completa un formulario, se hace el pago por Internet, y en aproximadamente una semana está la aprobación. Todo queda registrado en el sistema sin necesidad de presentar ninguna constancia de la visa cuando se ingresa al país. De más está decir que los obsesivos llevamos impresa la información de Internet donde decía que estaba aprobada, aunque muy amablemente el agente de inmigraciones que me atendió cuando llame a la embajada me dijo que no era necesario.

Luego de leer mucho, ver fotos y por poco hacer un análisis FODA (como si estuviéramos haciendo un plan de Marketing) terminamos en el siguiente itinerario:

NZ:
ISLA NORTE
25- 28 Noviembre 2016: Paihia
28 Noviembre- 2 Diciembre 2016: Auckland
2 Diciembre: Matamata -Hobbiton
2- 4 Diciembre: Rotorua
4- 7 Diciembre: National Park
ISLA SUR
8- 12 Diciembre: Queenstown

AUSTRALIA
12- 14 Diciembre: Katoomba
14- 19 Diciembre: Sydney 

Valija lista!!!



Nos vemos en Nueva Zelanda!!!

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Palacio del Agua: ese llamativo edificio en la avenida Córdoba

By Sole

6 Julio 2016

Haciendo malabares con el horario de trabajo, me presenté a las 11 horas en el primer piso del Palacio del Agua, ese edificio ubicado en Av. Córdoba y Riobamba que seguramente alguna vez se preguntaron qué era. Desde la primera vez que lo ví, muchísimo años atrás, me llamó la atención por su imponencia, sus escudos y más que nada por el comentario que me habían hecho “lo trajeron en piezas desde Europa y lo armaron acá”. Amante de los “Mis ladrillos” y más aún de los rompecabezas había quedado fascinada imaginando como lo habrían transportado y armado de una manera tan perfecta.



Un par de turistas colombianas y tres paulistas completan el grupo; enseguida se nos unió el director del museo, el arquitecto Jorge Tartatini, quien iba a estar a cargo de la visita. Comenzamos observando una maqueta de Buenos Aires en la que estaban marcados los arroyos –hoy entubados- y las ondulaciones del terreno un tanto exageradas con el objeto de poner en evidencia que estábamos parados en unos de los puntos más altos de la ciudad, a 35 metros sobre el nivel del río. El edificio fue estratégicamente ubicado en ese lugar con la intención de facilitar la distribución de agua por gravedad a las viviendas de los alrededores que conformaban la city de ese entonces.

Para entender bien la historia tenemos que ir unos años para atrás… más precisamente alrededor del año 1870 momento en que las epidemias de cólera y fiebre amarilla –viejas conocidas para los habitantes- una vez más azotaban la ciudad. Domingo Faustino Sarmiento presidente de ese entonces decidió que era hora de tomar medidas en el asunto para frenar el problema; el saneamiento de las aguas era un punto fundamental. En 1871 contrató al ingeniero John Bateman para que se hiciera cargo del proyecto de provisión de agua, desagües y cloacas de la ciudad.

El proyecto incluía una planta purificadora y el gran depósito distribuidor. Este último estaba planificado que fuese un edificio ejemplar que pusiera en evidencia la importancia que Argentina le daba a un tema tan relevante como el manejo de las aguas. Para estar a la altura de las circunstancias se encargo a Bélgica la construcción de los tanques y caños –la gran estructura metálica esqueleto del edificio que estaba visitando-, y a Inglaterra las piezas de terracota que iban a conformar una fachada digna de un palacio.

Tiempo después fueron llegando los barcos con el preciado cargamento. Como si fuese un “Mecano” comenzaron ensamblando las piezas provenientes de Bélgica formando la gran estructura metálica con 12 tanques distribuidos en 3 niveles. Posteriormente, llegaron las piezas de terracota cocida que fueron colocadas siguiendo las indicaciones del plano que las acompañaba. Mientras el arquitecto nos contaba eso, pudimos ver de cerca alguno de esos bloques y uno de los planos ingleses de la fachada lleno de números y letras; ese código alfanumérico venía grabado en cada pieza para facilitar su ubicación. Se podría decir que era un gran “Lego” con instrucciones de armado. A pesar de haber sido edificado de esa manera, no se trata de un edificio “desarmable”.

Los planos

Las piezas

En 1894 finalmente fue habilitado el gran depósito, entrando en funcionamiento el sistema. El agua proveniente del río entraba en la planta purificadora ubicada donde actualmente está el Museo de Bellas Artes. Tras pasar unos días ahí, mediante la energía de máquinas a vapor, era transportada hacia los tanques del Palacio del agua que tenían capacidad para albergar 72.000.000 de litros de agua. Desde ahí gracias a la fuerza de gravedad era distribuida a las canillas de los usuarios. Los aljibes, pozos y aguateros fueron reemplazados progresivamente por ese sistema de agua corriente, al menos en las zonas más céntricas de la ciudad.

En forma horaria los empleados del edificio controlaban el nivel de agua en cada tanque dejando registro en grandes libros que aún se conservan en el Museo. Cada tanque tenía un área diferente de distribución; si notaban que en alguno el nivel había bajado demasiado abrían compuertas redistribuyendo el agua evitando el desabastecimiento. Siendo 7 de Julio, el arquitecto abrió uno de los grandes libros mostrándonos que había sucedido ese mismo día de 1930… fue muy interesante ver como los niveles disminuían luego de las 17 horas, horario de regreso a casa, volviendo a ascender luego de las 22 horas cuando la gente comenzaba a irse a dormir.

Bajo la supervisión de nuestro guía accedimos al sector “metálico” del edificio con sus columnas, tanques y grandes caños corriendo longitudinal y transversalmente. Debió ser una gran obra de ingeniería en su época.

Tanques & cañerías

Además de proveer agua segura, otras de las funciones de obra sanitarias era la aprobación de la instalación sanitaria en las viviendas así como también dar el visto bueno a los caños, artefactos de baño y grifería que se comercializaba en el país. Cada trámite tenía sus requisitos… Para lo primero, los interesados debían presentar como parte del trámite un plano que posteriormente quedaba archivado en el lugar. Con los años imaginarán que se habrán ido acumulando muchos… 

Lo que resulta más curioso es el tema de los artefactos de baño. Cuando alguien quería comercializar un inodoro en el país –al principio eran encargados a Europa luego de elegirlos de catálogos- tenían que presentar 3 ejemplares del mismo. Más allá de su aspecto exterior era importante ver el funcionamiento del sifón para lo que uno de los ejemplares era partido al medio con una sierra especial; de aprobarse el segundo quedaba de muestra en Obras Sanitarias y tercero era devuelto con el sello de aprobación.

Inodoros partidos al medio

Aun se conservan en el museo una interesante colección de inodoros, algunos con particularidades que llaman la atención. Están los ornamentados –uno con motivos florales y otro con una trompa de elefante-, los carcelarios que traían incorporados un lavatorio, jabonera, toallero y portarrollos, infantiles, modelos económicos para casas más humildes, letrinas y hasta uno que traía la taza dividida en dos cumpliendo la función dual de inodoro y bidet; este último no habría sido aprobado por ser considerado antihigiénico.

Más inodoros que en la casa de sanitarios!!!

Floral & elefante

Inodoro + lavatorio + accesorios: todo en 1

Bidet portatil


Completando la vasta muestra de inodoros, también había mingitorios, un bidet portátil, vaciaderos –slop sink-, canillas –enteras y partidas al medio permitiendo ver el mecanismo-, caños de terracota importados de Inglaterra y planos.



Aprovechando cada espacio del edificio había sectores destinados a la confección de artículos de papelería incluidos los libros de registro que vimos, y talleres de carpintería encargados de confeccionar el mobiliario –por ejemplo, escritorios, sillas, armarios, ficheros, percheros- tanto para uso propio así como también de las dependencias del interior del país. Los muebles en exposición eran dignos de cualquier biblioteca o edificio de categoría, demasiado sofisticados para lo que uno esperaría encontrar en un edificio público.

Mobiliario original

Con la llegada de la electricidad y la construcción de edificios con varios pisos, este gran tanque fue quedando obsoleto siendo progresivamente reemplazado por la planta potabilizadora Gral San Martín de Palermo –inaugurada en 1913-, hasta dejar de funcionar en forma definitiva en 1978. Unos años después, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, y en la actualidad podemos encontrar en su interior las oficinas de Aysa –Aguas y Saneamientos Argentinos S.A-, el Museo del Agua e Historia Sanitaria, una biblioteca y el Archivo de Planos domiciliarios ubicado en los mismísimos tanques haciendo una optima utilización del espacio.

Fue una visita guiada que me sorprendió gratamente y resultó mucho más de interesante de lo que había imaginado. Les dejo el link del Palacio del Agua para que confirmen días y horario y organicen su propia visita. Los sumo a los must de exploración urbana de Buenos Aires!