domingo, 13 de agosto de 2017

Día de descanso: caminatas, mates y un huemul!

By Sole

2 de enero 2016

Habiéndonos acostado temprano a las 7 de la mañana estábamos levantados y a las 7:30 horas desayunando. Al mirar por el gran ventanal del comedor notamos que seguía nublado con garúa y mucho viento. Con esto se confirmaba que el día iba a ser de “descanso”… una forma de decir, descanso a nuestro estilo.

Cuando salimos sentimos la ráfagas de viento que habíamos escuchado y visto sacudir los árboles a través de la ventana. Fuimos caminando hacia la seccional de guardaparques donde además de recibir información (la excelente predisposición y pasión de los guardaparques es admirable) recorrimos las instalaciones donde había maquetas con los cerros y senderos, e infografías de la flora y fauna de la zona y de las principales escaladas del Fitz Roy y el Torre. En el exterior estaba armado un pequeño jardín con ejemplares de la flora local y carteles informativos sobre la misma.




Aprovechamos para preguntar por el sendero que iba al glaciar y laguna Piedras Blancas, informándonos que era muy peligroso y que lo habían cerrado el año anterior tras que dos persona murieran al ser arrastradas por el río. Información que después corroboramos en Internet en publicaciones de diarios. 

Como ya no garuaba iniciamos la actividad del día tomando el sendero del Mirador de los Cóndores. Si bien el recorrido es corto, al inicio hay un ascenso bastante pronunciado hasta llegar a una bifurcación donde se continúa por  terreno plano, culminando en una gran formación rocosa: el mirador. Aunque no vimos ningún cóndor, tuvimos una linda vista panorámica del pueblo.


Inicio de la senda a metros de la seccional de guardaparques

Derecha o izquierda???

El pueblo desde el mirador

Cuando volvimos a la bifurcación, en lugar de bajar tomamos el sendero que iba hacia el Mirador de las Águilas (el cartel indicaba 30 minutos a partir de ahí). Tras recorrer unos cientos de metros de terreno plano llegamos al mirador propiamente dicho. Desde ese lugar se puede ascender unos metros más entre rocas para tener una mejor vista. De más está decir que hacia ahí fuimos; realmente la panorámica del pueblo, la ruta, el lago Viedma con pequeños témpanos de hielo flotando… e imagino que del Fitz Roy (si hubiese estado despajado) valió la pena el pequeño esfuerzo en llegar hasta ahí. Una vista que no tiene desperdicios!






Lago Viedma

Buscamos entre las rocas un rinconcito protegido del viento, y nos sentamos a ver el paisaje mientras picamos un poco de crocante de maní y almendras. Disfrutar de estos momentos sin tener el apuro de llegar a algún lado forma parte de lo que llamamos “descansar”.

Cuando regresamos al pueblo compramos los tickets del transfer que al día siguiente nos iba a llevar al campo Los Huemules (Ida: 9:30 hs desde El Chaltén; Regreso: 16:45 hs desde la estancia -$160 cada tramo-). Ya teníamos organizado el siguiente día!

El tiempo había mejorado notablemente. No llovía y el cielo se estaba despejando. Cargamos el mate, y salimos hacia “El Chorrillo del salto”, una cascada ubicada a unos 3 km del pueblo. Tardamos bastante en salir hasta la ruta porque hicimos un par de paradas en el medio incluyendo el supermercado para comprar algo de fiambre, un par de negocios de artesanías y la casa de alfajores artesanales “El Chalteño” a la cual nos prometimos volver más tarde.

Tras salir del pueblo, caminamos 2 km por la ruta de ripio que va hacia el lago del Desierto. Fueron los más duros de todo el recorrido por la pendiente ascendente –leve pero pendiente al fin- y las fuertes ráfagas de viento en contra. Duro de remontar!




El último kilómetro era por un sendero peatonal que discurría entre vegetación hasta llegar al estacionamiento de autos; unos 500 metros más adelante se encontraba el Chorrillo del Salto, una sucesión de cascadas del río Salto cayendo. Justamente en el lugar donde terminaba el camino había mucha más gente que la deseable. Es bastante esperable este gentío desde el momento que se puede llegar en el auto hasta el parking y sólo requiere el “esfuerzo” de caminar 500 metros por terreno plano. Parecía la playa Bristol en enero… gente por todos lados con sus sillas de playas, heladeritas portátiles y equipos de mates.


Sendero apto todo público

Fóbicamente huimos del lugar... A uno de los lados del chorrillo había una gran formación rocosa a la que se podía subir “salvajemente” sin seguir ningún sendero bien delimitado como estamos acostumbrados. Fuimos ascendiendo instintivamente, a veces avanzando y otras retrocediendo cuando se nos acaba el camino, siguiendo las zonas desgastadas y desmalezadas del terreno producto de la circulación de otros que había pasado antes que nosotros. Una vez más, el esfuerzo valió la pena y fue recompensado con silencio y una vista privilegiada de la cascada. Nos sentamos en una piedra solitaria donde preparamos los sándwiches con el jamón y queso que habíamos comprado en el camino, almorzamos, y tomamos unos mates en medio de un tiempo absolutamente cambiante que incluyó sol, viento, garúa, frío y calor. Nos pusimos y sacamos las camperas, guantes y el buff no se cuantas veces!!!





No les puedo decir lo que era la “playita” cuando bajamos; la gente ya estaba aglomerada, uno encima de otro. Sacamos una foto y volvimos a escapar, recuperando una vez más la tranquilidad en el sendero. Ya en la ruta, el viento había amainado y el calor se comenzaba a sentir aunque no lo suficiente como para sacarnos las camperas.


A caminar!!!

Pasamos junto al cartel que indicaba “Zona de Huemules” y la prohibición de traspasar ese punto con perros. No faltó el comentario de que la próxima íbamos a traer a Raulito (el bulldog francés negro que nos gustaría tener pero no tenemos) a jugar con el huemul. No pasaron 5 minutos de esto vemos varios autos y personas en la ruta mirando algo. Dijimos “habrá un cóndor?”. Un muchacho nos hizo señas para que nos apuráramos y fuésemos hacia ahí –en la misma dirección en la que estábamos yendo-. “Qué hay?” le preguntamos cuando íbamos acercándonos, recibiendo la respuesta menos esperada “Un huemul”. WTF? Efectivamente al costado de la ruta, entre los árboles había un huemul hembra. Con cierta curiosidad nos miró, se escondió parcialmente detrás de un árbol, y fue subiendo lentamente por la pendiente haciendo pequeñas paradas para observarnos mientras se alejaba. Unos minutos después terminó desapareciendo en el bosque.


Huemul hembra I

Huemul hembra II

No lo podíamos creer!!! Pensábamos que los huemules eran un mito; de hecho el día anterior le había preguntado a mi wikipedia andante –o sea Seba- si alguien alguna vez había visto uno de estos animales en la zona. Según su lectura previa al viaje había muy pocos, pero en un blog había leído de una pareja había visto uno cerca del río Eléctrico. En la exposición que había en el edificio de guardaparques esa mañana habíamos visto un par de fotos de avistamientos de los últimos años, y la advertencia de avisar si se llegaba a ver alguno en la zona.

El día oscuro y lluvioso que no prometía nada, se estaba transformando en un día increíble!!! Estábamos más que felices con la oportunidad que habíamos tenido de ver un ejemplar de esa especie en peligro de extinción. Con toda la excitación producto de la situación nos fuimos hacia la oficina de guardaparques donde ya se habían enterado que había un huemul cerca de la ruta porque un remisero había avisado unos minutos atrás. Pero nosotros teníamos la primicia de las fotos!!! Muy amablemente nos hicieron pasar a una oficina donde bajaron las imágenes a una computadora, y llenamos una planilla con la información del avistamiento. El guardaparques confirmó lo que pensábamos: se trataba de una hembra. Aprovechando la oportunidad nos mostró la foto de otra hembra vista cerca de la laguna del Pato, y nos contó que se estaba filmando un documental sobre este animal y que el equipo de filmación había logrado ver cuatro ejemplares. Cuando salimos ya había terminado el horario de atención al público –estaban esperando que nos fuéramos de ahí-.

Al final, el día de “descanso” había sido bastante movido, y con unos cuantos kilómetros de caminata. Merecíamos unos mates con facturas de nuestra panadería favorita, que una vez más no nos decepcionó. Siguiendo con la glotonería también pasamos por la casa de alfajores donde compramos unos deliciosos recuerdos del lugar para llevar a casa y a familiares cercanos.

Otra vez apenas el reloj marcó las 8 de la noche, estábamos listos para cenar. Esa noche nos tocó “Ahonikenk”, una casita de madera acogedora con una decoración muy particular que incluía recortes de revistas viejas, billetes argentinos antiguos y de otras partes del mundo, camisetas y banderines de equipos de fútbol, y algunas antigüedades por mencionar algo. Rápidamente se fue llenando hasta no quedar ningún lugar libre. Adaptado a los comensales, que este caso incluía hasta indios, el menú estaba en castellano e inglés. Pedimos una cazuela de cordero, canelones de verdura y queso con salsa de tomates, agua y cerveza. Mientras esperábamos los platos entretuvimos el estómago con pancitos y tostadas con un escabeche de lentejas, en medio de un desfile de platos de muy buen aspecto y un delicioso olor a pizza. Finalmente llegó nuestra comida que estuvo muy sabrosa.




Esta vez no estábamos tan cansados, así que antes de ir a dormir aprovechamos para escribir y leer un rato completando de esta manera el "día de descanso".

Ir a la senda Fitz Roy/ Ir a Los Huemules

miércoles, 9 de agosto de 2017

Senda al Fitz Roy, aspecto técnicos

By Seba

Summary:
Ida hasta Laguna de los Tres: 700 metros de desnivel, 10,2 km, 3:40 nosotros (4:30-5 horas tiempo estándar).
Dificultad: Media hasta Poincenot, alta hasta Laguna de los Tres por la trepada, las piedras sueltas y la potencial exposición a vientos fuertes y frío. Las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente.

El sendero comienza al final de la Avenida San Martin, justo después de donde sale la ruta a Lago del Desierto. Estamos a 400 msnm, frente a un gran cartel de Parques Nacionales que ilustra un mapa del sendero, e indicaciones de tiempos y distancias.




El primer kilómetro es en subida constante y fuerte a través de un bosquecito, con algunas vistas del pueblo. A 750 metros se llega al mirador del valle del Río de las Vueltas, poco después está el indicador del K1, desde donde se tiene una linda perspectiva del valle (20 minutos hasta aquí).




La senda gira hacia el noroeste sobre una linda ladera llena de neneos (arbusto bajo de la estepa), bastante despejada y expuesta al viento predominante (norte). Se empieza a ver la cumbre del Fitz Roy adelante, con todo el valle a la derecha y el cerro Rosado a la izquierda (se suelen ver cóndores por la zona).




Seguimos subiendo pero de forma más moderada, y llegando al K2 ya estamos en un bosque. El piso es de tierra, se gana altura de a poco, sólo bajamos para cruzar algún hilo de agua por sobre un puente de troncos. Al llegar al K3 ya ganamos 200 metros de desnivel. Poco después tenemos la primera bifurcación: a la izquierda vamos a Laguna Capri (15 minutos desde allí), a la derecha al mirador (10 min). El bosque es muy lindo y tranquilo, hay suaves desniveles, pero la senda es muy amena y fácil de seguir. Al mirador se llega en 1 hora  o un poco más, son unos 4 k  desde el inicio (falta el cartel indicador, la marca está en el campamento de Laguna Capri).




Desde el mirador se aprecia una fantástica panorámica del Fitz Roy y las agujas Poincenot y Saint Exupery, pero no se ve el cerro Torre (bloqueado por la loma de las Pizarras). Luego de este punto, la senda se vuelve algo más rocosa e incómoda, desciende un poco hasta los 750msnm.




Llegando al K5 la caminata tiene menos subidas y bajadas, y nos vamos metiendo en un bosque más alto y tranquilo. Hacia el K6 nos acercamos al arroyo El Salto, al cual empezamos a escuchar a nuestra derecha, mientras caminamos por suelo algo más rocoso y con vegetación baja que nos permite ver al Fitz Roy al frente.




A partir del K7 seguimos sin modificaciones en cuanto a la altura, pero con cambios constantes en el entorno: bosquecitos, zonas de arroyitos, pantanos y mallines  que cruzamos por puentes de troncos. El camino es sencillo en la zona del bosque, con terreno algo arenoso en las áreas más abiertas. Cruzamos el arroyo El Salto y apreciamos sus aguas transparentes, salimos a un claro y encontramos a nuestra derecha la senda que viene de Hosteria El Pilar (casi 3 horas) mirador Piedras Blancas (45 minutos). 



Seguimos hacia el oeste y enseguida nos metemos en un bosque donde encontramos la marca de K8 y a pocos metros el campamento Poincenot. Al salir del bosque la senda empieza a bajar hacia el río Blanco, al que se cruza por algunos puentes. A esta altura ya no se ve el Fitz Roy, y el terreno es muy rocoso, con acarreos fluviales. 





Río Blanco

Luego de cruzar el río se observa el campamento de escaladores, y nos encontramos la marca de K9, que marca el inicio oficial de la trepada final a Laguna de los Tres. Nos falta poco más de un kilómetro, pero nos va a llevar cerca de una hora por la dificultad que representa: más de 300 metros de desnivel, terreno pedregoso e inestable, expuesto a las inclemencias del tiempo. Parece que se llega pero no: falta la gran morrena frontal.






Vamos ascendiendo lentamente
Paramos a descansar y a nuestras espaldas hay un paisaje increíble, con el río Blanco corriendo a nuestros pies, las lagunas Madre e Hija y en el horizonte la inmensidad de la estepa. Un último esfuerzo en ascenso entre piedras sueltas y ya estamos en la laguna, a los pies del mayor cerro de la región.


Mirando hacia abajo



Llegamos!!!


Se puede bordear la laguna hacia nuestra izquierda, bajando de la morrena, y acercarnos al arroyito que cae a la laguna Sucia. También se puede subir hacia la derecha hacia el mirador Madsen, aunque es bastante complicado y algo riesgoso.

Bajando de Laguna de los Tres y ya en la orilla del río Blanco, se puede tomar el desvío hacia la laguna y glaciar Piedras Blancas (hacia el norte). La senda no es clara ni sencilla (en realidad es un coastering irregular entre grandes bloques de piedras).


Laguna y glaciar Piedras Blancas


Volver a nuestro paseo por la Senda Fitz Roy/ Descansar a nuestro estilo

domingo, 6 de agosto de 2017

Laguna de los Tres... o de las nubes???

By Sole & Seba

1 de enero 2016

A pesar de ser primero de año el despertador no se tomó descanso, a las 7 ya estaba sonando. Qué sueñooo!!! Aunque habíamos quedamos muy cansados y con mucha ganas de dormir luego de la caminata del día anterior, había que levantarse ya que teníamos otro largo día por delante. Cada minuto del viaje era sagrado!!!

Como el desayuno recién comenzaba después de las 8 hs, nos preparamos un desayuno con lo que teníamos almacenado: té verde, yogurt, banana y criollitos dulces. Preparamos los sándwiches del día –la panadería había abierto religiosamente como todas las mañanas- y a las 8 ya estamos listos en la calle.

El día estaba parcialmente nublado –más despejado que nublado- y un poco fresco. Las calles estaban prácticamente desiertas; apenas nos cruzamos con un par de autos y alguna que otra persona caminando. Siendo nuestro destino del día “Laguna de los tres" fuimos caminando hasta el inicio del sendero del Fitz Roy, el mismo que habíamos tomado para ir a laguna Capri. Esta vez teníamos varios kilómetros de distancia y metros de desnivel más que esa caminata casi infantil con la que habíamos comenzado a calentar motores unas 36 horas atrás.


Excelente manera de comenzar el año!!!

Los casi 1000 metros hasta el mirador del río de las Vueltas estuvimos en absoluta soledad, nuestra situación ideal. En ese punto nos cruzamos con un grupo de extranjeros que estaban sacando fotos. Como ya habíamos hecho lo propio la vez anterior seguimos caminando; había que tomar la delantera… Prácticamente no nos detuvimos hasta llegar al mirador del Fitz Roy, ubicado alrededor del kilómetro 4.

El gran atractivo del mirador hizo que no estuviéramos solos, coincidiendo en tiempo y espacio con un oriental y un anglosajón. Si bien los cerros se veían perfectamente, notamos una bruma que no estaba la vez anterior y un viento muy intenso que hizo que la parada fuese bastante corta.

La imagen perfecta

Como no queríamos salir volando del mirador por las ráfagas que lo azotaban continuamos caminando, encontrando luego de varios cientos de metros el retome del camino que iba hacia laguna Capri. Lo consideramos como una opción para tomar al regreso.

Los siguientes kilómetros fueron bastante tranquilos por terreno prácticamente sin desnivel, con sectores de bosque. Pasando el kilómetro 5 nos encontramos con una grata sorpresa: una pareja de pájaros carpinteros!!! En la parte superior de un árbol estaba ella, con su cuerpito totalmente negro; en la parte inferior de otro árbol estaba él, con su clásico copete rojo y cuerpo negro. Su “toc toc” en el silencio del bosque es inconfundible; eso sí, para identificarlo hay que ir en silencio y prestando atención a todos los sonidos de la naturaleza.


Ella

El

Este maravilloso hallazgo mereció varios minutos de observación. Él estaba en una ubicación tal que saliéndonos unos metros del sendero conseguimos estar a muy corta distancia, logrando un primer plano del pájaro picoteando frenéticamente el tronco del pobre árbol que aún estaba vivo como lo sugerían sus hojitas verdes. Mucho mejor que Discovery Channel!!!



Al llegar al kilómetro 6, nuestro mayor temor se hizo realidad: una nube tapaba la cima del Fitz Roy!!! Uno de los problemitas que tiene esta hermosa zona son los repentinos cambios meteorológicos… podes salir con un hermoso día de sol con el cielo despejado y regresar empapado bajo la lluvia con un cielo cubierto por nubes bajas que tapan los cerros en su totalidad. Intentamos pensar en positivo… aun faltaban varios kilómetros para llegar, esa nube podía desaparecer.

Y la cima???

A medida que fuimos avanzando fueron apareciendo nubes oscuras, y el cerro desapareciendo… Por más que pensáramos en positivo éramos conscientes que las chances de tener una linda vista del Chaltén iban decreciendo.

Luego de traspasar el bosque entramos en una zona más descampada con arbustos achaparrados por donde corría el arroyo del Salto. Al estar en un área abierta teníamos una visión casi 360º del cielo… era muy curioso que cuando mirábamos hacia adelante estaba todo nuboso –digno de una película de terror-, pero cuando mirábamos hacia atrás, el cielo estaba celeste y casi despejado.



Aun había poca gente en la senda; a esta altura la mayoría de los que cruzábamos estaban regresando. Apostaría que habían pasado la noche del 31 en Poincenot, un área boscosa de acampe a la que llegamos luego de pasar por el cartel que indicaba el kilometro 8. Cuando pasamos había varias carpas armadas; muchos recién estaban comenzando el día.



Sin intenciones de invadir la privacidad de los que ahí estaban, seguimos caminando sin detenernos. Salimos del bosque encontrándonos con uno de los márgenes del río Blanco, totalmente cubierto de piedras de color gris-blanco que contribuyen a dar el color al río por el cual recibe su nombre.



Cruzamos el lecho de agua por un pequeño puente de madera por el que podía pasar una sola persona a la vez. Del otro lado, la senda se internaba otra vez en un bosque donde un cartel anunciaba que se venía el kilómetro más complicado por la pendiente del mismo! Tengan en cuenta que el tiempo estimado de recorrido era de 60 minutos…



A pesar de que no se veía el Fitz Roy seguimos adelante. Los primeros metros, mientras duró la arboleda, si bien eran en sentido ascendente fueron relativamente tranquilos. El tema se complicó cuando el terreno se hizo de piedras y con muy escasa vegetación. Más allá de la pendiente y el pedregullo, la ausencia de árboles que nos protegieran del viento complicaba aún más la situación.



Los últimos metros, sin duda los más duros, eran por la ladera de la morrena frontal; la piedras, algunas grandes y otras más pequeñas, estaban bastante flojas y el viento era muy intenso, tuvimos que avanzar con mucho cuidado para no resbalarnos y caer. Y cuando pensábamos que la situación no se podía complicar más… comenzó a garuar!!!

Sin importar las adversidades llegamos enteros!!! En la cima el viento era aún más fuerte y hacía frío!!! Varias personas ya se nos habían adelantado y estaban ahí sentadas entre las piedras que dominaban el paisaje. Mientras nos poníamos las camperas que teníamos “por las dudas” en las mochilas buscamos algún lugar libre junto a alguna piedra que nos protegiera un poco mientras descansábamos y contemplábamos el “no paisaje”. Desde ahí se veía la laguna de los Tres rodeada por pequeñas elevaciones, y una gran nube por detrás que ocultaba a los famosos cerros que todos queríamos ver. Lo poco que se lograba divisar de la base del Fitz Roy daba una idea del tamaño de esa gran mole de pétrea… De no haber estado nublado, lo hubiésemos visto a una distancia mucho menor de la que había imaginado.

Se supone que ahí está el Cerro Fitz Roy...

El tiempo estaba tan desapacible que apenas sacamos algunas fotos, y emprendimos el regreso cuando deje de sentir los dedos de las manos; durante un largo rato estuvieron entumecidos y estimo que blancos -no me animé a sacarme los guantes para ver qué sucedía-. Llegué a temer por el futuro de mis deditos y hasta pensar cómo iba a tipear en la computadora si perdía alguno.

Tal como había temido en la subida, el descenso no fue menos fácil; en general me suele resultar más difícil bajar que subir, sobre en todo en terrenos como ese con muchas piedras sueltas. Creo que nos tomó igual o más tiempo que subir. Más allá de la dificultad que representaba el pedregullo flojo, el viento, la garúa y la falta de sensibilidad en las manos, había un aflujo casi contante de personas que venían por el mismo sendero angosto en sentido contrario… 



Un buen rato después estábamos nuevamente en el bosquecito, lo que nos dio cierta tranquilidad. Habíamos superado el trayecto más complicado del camino; estábamos agradecidos que la lluvia se hubiese mantenido apenas como una garua… una lluvia más intensa hubiesen hecho de esa bajada un infierno!!!

En la zona boscosa la situación mejoró ya que estábamos parcialmente resguardados de la garua y el viento. Los dedos fueron recuperando vida y hasta nos dimos el lujo de parar unos minutos a hidratarnos.

Cuando llegamos a la orilla del río Blanco Seba recordó que en su visita anterior había tomado desde ahí un sendero que iba bordeando el río hasta la desembocadura de la laguna Piedras Blancas, y posteriormente se desviaba hacia la laguna y el glaciar del mismo nombre . En esa oportunidad había ido caminando hasta un punto en que había grandes piedras sin ninguna señalización; pensó que había llegado a destino. Un tiempito después hablando con una amiga descubrió que había que apenas había que traspasar esas rocas para llegar a la laguna… Desde ese momento esa senda había quedado como una asignatura pendiente.

A pesar de haber ido prestando atención no habíamos encontrado ningún cartel que indicara la presencia de un sendero que fuese en esa dirección. Justo antes del cruce del río divisamos una senda sin ningún tipo de cartel cuya entrada estaba bloqueada con un tronco atravesado, parecía haber sido colocado ahí a propósito.

Tras preguntarnos “avanzamos un poco?”, y haciendo caso omiso al tronco que indicaba un claro “no avanzar”, pasamos por encima del mismo y decidimos explorar algunos un poco sendero. Unos metros más adelante nos topamos con un cartel de guardaparques que claramente indicaba que no se podía avanzar por ser zona peligrosa, cosa que no amedrentó a Seba. Se burló de mi cara y decidió que podía seguir adelante.


En pocos metros la senda terminaba en el río junto a la desembocadura de un pequeño arroyo. Varias piedras de por medio en el lecho del río el sendero continuaba. Con bastante cuidado lo cruzamos, y tras caminar algunos metros más descubrimos que otra vez la senda desaparecía… parecía que varios sectores del sendero se habían derrumbado. Ahí me puse firme, dí por terminada la “aventura” y emprendimos el regreso. Si bien lo sentimos como una “gran travesía” apenas habíamos avanzado algunos pares de cientos de metros. 

Ya sin lluvia, cruzamos el río pero esta vez en lugar de tomar el sendero que iba hacia el pueblo, tomamos el desvío que pasaba por el mirador “Piedras blancas” y terminaba unos cuantos kilómetros más adelante en la Estancia del Pilar. Este path, paralelo al río, discurría por el interior de un bosque; al no ser de los más populares había poca gente y pudimos disfrutar de un rato de tranquilidad y silencio, escuchando apenas los sonidos del bosque. Justamente la ausencia de bullicio nos permitió detectar el característico golpeteo de otro pájaro carpintero, identificando un ejemplar macho en lo alto de un tronco. Felices!!!

Disculpen la calidad de la foto, fue lo mejor que logramos a contraluz.

Cuando llegamos al mirador decidimos hacer una parada para tomar unos mates con una espectacular vista del río, las piedras (el gran obstáculo de Seba) y por detrás de estas la laguna con un gran glaciar de fondo. Al rato se nos unió una pareja de franceses y posteriormente una de coreanos.

Laguna y glaciar Piedras Blancas

Luego de recuperar algo de energía, emprendimos el regreso. Cuando estábamos caminando los 2 km que nos separaban del sendero del Fitz Roy comenzó a garuar nuevamente. Había sectores con nubes oscuras –parecíamos la Pantera Rosa con una nube sobre la cabeza-, y un hermoso cielo celeste totalmente despejado en la zona del pueblo. Al menos esta vez estábamos caminando hacia el lado que estaba lindo! Fue una caminata en la que no nos cansamos de ponernos y sacarnos ropa; tuvimos sol, lluvia, viento, frío y calor.



En esa oportunidad fuimos por el desvío de laguna Capri encontrándonos en el camino con el cartel que indicaba el kilómetro 4 que no habíamos visto a la ida. Sorprendentemente el sector parecía tener un microclima especial con solcito, sin lluvia aunque sí algo de viento. No estaba tan lindo como la tarde anterior pero si mucho mejor que el tiempo feo que habíamos gran parte del día, así que aprovechamos para sentarnos un rato en una de las piedras a la orilla de la laguna a descansar.

Escala de azules-grises en el cielo

Cuando nos cansamos del viento seguimos caminando, llegando en menos de 45 minutos al pueblo completamente agotados!!! Reservamos una mesa para las 20 horas en Patagonicus, y volvimos al hostel a bañarnos y ponernos presentables. A pesar de la hora teníamos hambre y sueño. 

Como jubilados a las 20 horas ya estábamos sentados en una de las mesitas de ese restaurante/ pizzería cosmopolita –cuando llegamos todos los comensales hablaban cualquier idioma menos castellano-. A medida que fue haciendo más tarde el público se fue renovando apareciendo algunos vecinos de la zona.

Iniciamos la comida con una cerveza negra artesanal con la etiqueta de “Patagonicus” -que al leerla en detalle descubrimos que estaba hecha en El Bolsón- y maní. Seguimos con una pizza mitad muzzarella y mitad fugazzeta con queso y un agua. Y para terminar... en lugar de comer postre nos fuimos directo a dormir!!! El cansancio superó las ganas que teníamos de probar unas deliciosas porciones de torta que vimos pasar.


domingo, 30 de julio de 2017

Ultimo sendero del 2015: Laguna Torre

By Sole & Seba

31 de diciembre 2015

A las 7 de la mañana ya estábamos desayunando con una increíble vista de los cerros Fitz Roy y Torre bajo un cielo casi despejado; la vista del salón comedor del hostel era envidiable. Tras un sencillo desayuno de té/ café, pan con manteca y mermelada, pasamos por la panadería vecina “Que rika” –nuestra proveedora justamente de cosas ricas durante la estadía- a comprar pan para los sándwiches y unos bizcochos/tortitas de grasa que eran un pecado.

Habiendo visto despejado el Fitz Roy el día anterior, ese día se lo íbamos a dedicar al Torre. Comenzamos caminando hacia el oeste buscando el inicio de la senda que estaba justamente pasando las última casas del pueblo en esa orientación

El sendero, una vez más comenzaba en franco ascenso para luego ir aplanándose, con una vegetación muy parecida al del Fitz Roy. La primera recompensa llegó con el mirador de la Cascada Margarita (Km 0,7). La caída de agua en sí no decía demasiado… lo que realmente valía la pena era la inmensidad del gran cañadón del río, con los cerros Fitz Roy y Torre de fondo. Era tan espectacular que no pudimos evitar detenernos a contemplar esa maravilla y sacar fotos; habiendo prometido regresar a ese lugar a tomar mate en otra ocasión seguimos adelante. De a poco el Fitz Roy fue desapareciendo, quedando tapado por la loma de Las Pizarras, mientras que el Torre se entretuvo jugando a las escondidas, apareciendo cada tanto hasta que desapareció totalmente de nuestro campo visual.





Además de esta aparición y desaparición de los cerros según la orientación y obstáculos naturales, otra cosa que nos llamo mucho la atención fueron las diferentes características del suelo a lo largo del camino, pasando por tierra dura, tierra más mullida, piedritas sueltas, lajas, piedras más grades y hasta un mallín!!! Obviamente que estos cambios del terreno estuvieron acompañados de diferente tipo de vegetación de acuerdo a la humedad y altitud. Acá también tuvimos nuestro sector de bosquecito que tanto nos gusta.

Cuando ya estábamos a pocos metros de llegar a destino se nos presentó una morrena por delante; otra vez había que ascender… Lo que estaba del otro lado de la morrena frontal era INCREIBLE!!! De repente apareció el lago Torre con el Glaciar Grande al fondo, y por detrás los cerros Torre, Egger y Standhart. En el lago flotaban témpanos de hielo de distinto tamaño, que por lo que pudimos ver posteriormente cada tanto se quiebran producto de la erosión del agua, creando estruendos inesperados.




Estos paisajes son tan impresionantes que las fotografías no llegan a captar toda la belleza y inmensidad del espacio… Si las imágenes que solemos ver son deslumbrantes, estar frente a frente es mucho más espectacular. Esta vez nos íbamos a tomar un buen rato para descansar y sacar fotos hasta que se nos acabara la memoria de la cámara!!! Nos acomodamos en unas piedras a la orilla del lago, preparamos el mate e hicimos un merecido brunch con sándwiches de lomito y queso, y crocante de maní de postre –una de las pocas cosas buenas que tienen las fiestas-.




Disfrutamos del silencio y la paz hasta que llegó un bullicioso tour de norteamericanos, que de un momento a otro transformaron ese idílico lugar en el patio de comidas de un shopping. El grupo incluía una parejita que se quedó en traje de baño y se metió –obviamente gritando- en las gélidas aguas del lago. Tengo que reconocer que fueron más osados que Seba y se mojaron todo el cuerpo. Imposible no darse cuenta de su presencia, no solo gritaban por el frío, sino que también intentaban comunicarse con alguien que estaba arriba de la morrena… El resto del grupo sacó sus mega sándwiches, frutas, bebidas y se sentó a almorzar; sólo faltó un grito diciendo “Pasame la mayonesa!!!”. Creo que la Lonely Planet debería incluir una sección de “comportamiento en montaña”, resaltando la importancia de estar en silencio, escuchar los sonidos de la naturaleza, y subrayando la mayor probabilidad de ver animales cuando se camina sigilosamente sin hacer ruido…


"Oh my God!!!"

Habiendo hecho mi queja sigo adelante con el relato. Satisfechos con el descanso, la comida y la vista decidimos seguir caminando. Volvimos a subir a la morrena pero en lugar de retomar, fuimos caminando hacia la izquierda hasta llegar la morrena lateral por la que fuimos avanzando hacia el mirador Maestri. En este sector el sendero era de pedregullo y apenas estaba delimitado por la huella que iban dejando los curiosos que quisieron acercarse un poco más al cerro y al glaciar. Caminamos hasta un punto indeterminado desde donde la vista era excelente; no había ningún cartel que indicara si habíamos llegado o no al mirador. Cuando consideramos que habíamos llegada a “nuestro mirador” dimos por terminada la caminata en esa dirección, sacamos varias fotos y regresamos sobre nuestros pasos.




Como ya habíamos ido hacia la izquierda, decidimos caminar un poco hacia la derecha, más precisamente hasta la desembocadura de la laguna en el río Fitz Roy. Si uno quiere ir hacia el glaciar y el cerro Torre, debe cruzar el río... en lugar de un puente hay una tirolesa lo que hace que algunos pocos puedan cruzarlo. Es una buena forma de evitar que los curiosos se metan en territorios que requieren el acompañamiento de un guía y equipo especial. Justo en ese momento había dos muchachos con mochilas, que con gran habilidad se colgaron de ese cable colgante y cruzaron al otro lado. El valiente Seba pasó por la experiencia tirolesa cuando hizo el ice trek al Glaciar Grande en su viaje anterior. 


Cruce sólo apto para valientes

Sin intensiones de ir más allá de donde estábamos decretamos que era la hora de volver. Tranquilamente regresamos caminando por donde habíamos ido. Si bien el camino era el mismo, se nos hizo entretenido porque nuestra perspectiva era otra, así como también la temperatura, iluminación y la gente con que nos cruzamos. No dejamos pasar la oportunidad de llenar nuestras botellas con agua de deshielo del río y hacer juguito, agregándole de esa manera algunos minerales; siempre que vamos a la montaña con posibilidad de tomar agua de arroyos llevamos algún sobre de jugo en polvo en la mochila. También hubo tiempo para varias paradas para foto y picar algunos bizcochos de grasa –ojo, no lo tomen como ejemplo de comida para un trekking-.

Fue una caminata muy linda en un día espectacular con temperatura ideal y un cielo casi despejado que nos permitió tener unas maravillosas vistas de los cerros, algo que no siempre es posible…

Seba, el especialista en senderismo de este blog, hizo su propio informe con los aspectos más técnico del sendero:


Senda a Laguna Torre

Desde el pueblo es un total de 10 kilómetros de ida.

La senda propiamente dicha se inicia a unos 15 minutos a pie del ingreso a El Chaltén, en un cartel del Parque Nacional; varios carteles sobre la calle principal indican hacia donde ir.




Una vez en el sendero, encaramos hacia el oeste y nos empezamos a acercar al río Fitz Roy, ganando bastante altura. Antes del K1, se llega al mirador de la cascada Margarita, desde donde se aprecia un delgado salto de agua en la costa opuesta y se obtiene una excelente panorámica de los macizos del Torre y el Fitz Roy.




El terreno continúa irregular entre ascensos y descensos, en un terreno de transición que combina vegetación baja propia de la estepa con bosquecitos de lengas. Al pasar el K2,5 aproximadamente , y luego de una corta trepada, alcanzamos el mirador del Torre, desde donde se tiene una de las mejores vistas de los dos gigantes.




Luego del mirador, que ya está a 700 msnm, la senda desciende y se aplana, ya que durante los próximos 3 kilómetros no se va a ganar altura. Sin embargo, la dificultad persiste porque el terreno es irregular y zigzagueante, sobre un suelo con rocas y algo de arena. Estamos algo alejados del río (que siempre queda a nuestra izquierda) y con excelente visibilidad de las montanas debido a que nos rodea una vegetación más achaparrada.




En el K5,5 encontramos a mano derecha un desvío señalizado hacia el campamento Poincenot a través del sendero de lagunas Madre e Hija. Hasta ese momento, carteles del PN a cada kilómetro nos indicaban la distancia recorrida. Hay que dejar atrás el desvío y seguir siempre en dirección al oeste.







Ya cerca del K7 se gana algo de altura al ingresar a un fresco bosque de lengas de mayor altura. La senda se vuelve más apacible y fácil de seguir, ancha y con un piso de tierra mullida, interrumpido en ocasiones por lajas azuladas. A pocos minutos de pasar este punto y el desvío al campamento de prestadores (que no hay que agarrar porque nos alarga el camino), se cruza un puente de troncos sobre un pequeño arroyo muy limpio y el sendero empieza a acercarse al río, que ya se hace escuchar con más fuerza.










Alternando áreas boscosas, se superan algunas pequeñas morrenas con vegetación, para luego pasar a un terreno más rocoso e irregular ya cerca de la marcación del K8. Allí, sale una bifurcación al campamento De Agostini (en memoria del religioso explorador de la Patagonia Austral). Queda un último esfuerzo: atravesar la gran morrena glaciaria frontal, que es muy rocosa y carece de vegetación, con la excepción de pastizales aislados y líquenes. Arriba, la majestuosa vista del cerro Torre y sus agujas satélites, el glaciar Grande y la laguna Torre.









Opcional Mirador Maestri: desde la morrena frontal salen varios senderos hacia la derecha, que suben por el filo de la morrena lateral (hacia la derecha mirando el cerro Torre). Son entre 30 y 45 minutos caminando entre rocas, siempre en subida (100-200 metros de desnivel). No hay un mirador propiamente dicho, sino varios lugares para sentirse más cerca de la montana. Humildemente propongo rebautizar el mirador para evitar la mención del italiano profanador y destructor de la montaña, en su intento de ser el primero en llegar a la cima (*).




Resumen (sin Maestri ni desvíos):
  • 20 KM desde El Chaltén (Ida y vuelta)
  • 300 metros de desnivel neto.
  • 3 horas por tramo, yendo tranquilos y con paradas fotográficas (7 horas totales con almuerzo en la laguna). Nosotros tardamos 3 horas en llegar a la laguna desde la puerta del hostel, regresamos en 2:40hs.
  • Dificultad: Media. No hay mucho desnivel y el terreno en general es ameno y no requiere habilidades técnicas. Pero es un total de 20km! Hay zonas de pedregullo cerca de la laguna, prestar atención a resbalones y torceduras!

(*) para entender este comentario de Seba les recomiendo que busquen la historia de Cesare Maestri y su compresor (taladro neumático). 

Cerca de las 17 horas ya estábamos en el pueblo. Antes de seguir con cualquier actividad pasamos por el hostel a dejar parte del contenido de la mochila; los hombros no nos daban más!!!

Luego de estar gran parte del día caminando estábamos un poco cansados por lo que decidimos bajar el ritmo e iniciar el recorrido culinario. Comenzamos por la heladería “Domo Blanco” donde nos premiamos con un ¼ kilo de helado (Nocciolate, dulce de leche y mascarpone); estaba rico, aunque no fue el mejor helado que probé en mi vida. 
Seguimos por el super donde compramos algunas provisiones –había altas chances que el 1º de año estuviesen gran parte de los negocios cerrados-, y terminamos en la panadería donde compramos un par de empanadas de pollo para la cena.

De regreso en el hostel nos sentamos en el comedor tomar mate, leer y escribir un poco, entre mensajes de whatsapp de buenos deseos para el año venidero.
Poco a poco el sector de cocina y comedor comenzó a llenarse de gente. Casi todos los huéspedes íbamos a hacer la cena de fin de año adentro… Los restaurantes “a la carta” de la zona tenían todas sus mesas reservadas, habiendo sólo plazas en los que ofrecían “menú de fin de año” a precios que excedían el presupuesto.

Si bien nuestra cena fue bastante modesta no puedo decir lo mismo de la de un par de brasileros que prepararon una cazuela de mariscos, el pollo con hongos de una pareja de argentinos, o la gran picada de un rejunte de gente que viajaba sola. El lugar era un mix de olores y nacionalidades.

Que haya sido modesta no significa que haya sido poco apetitosa… quedamos muy conformes con la picadita de maní, queso y vino tinto como entrada, y las empanadas y sopa de dedalitos (esta última no creo que haya sido la elección más feliz para la noche) como principal. Sin dudas el toque especial se lo dio la vista de la puesta del sol sobre El Chaltén que teníamos en la ventana.




A las 22:30 horas ya estábamos bastante cansados por lo que emprendimos la retirada hacia la habitación donde concluíamos la cena con un traguito de Amarula –recuerdo de algún vuelo de avión- y Mantecol. Siempre fieles al maní en todas sus formas, pero no a las tradiciones… a las 23 horas dimos por terminado el 2015 y nos fuimos a dormir.