viernes, 20 de abril de 2018

Qué hacer un día lluvioso en Sidney?

By Sole

15 de diciembre de 2016

Ni bien despertamos comprobamos que seguía lloviendo tal como estaba pronosticado… iba a ser un día de shopping y museos.

Paraguas en mano comenzamos caminando hacia Hyde Park Barracks Museum, un lugar que había captado mi atención cuando hojeé por primera vez la guía de Sidney. No sólo era un museo, era un lugar cargado de historias; esas paredes y techos habían alojado a más de 50000 convictos (1819- 1848), así como también mujeres solteras que emigraban en búsqueda de un futuro mejor o simplemente siguiendo a familiares o esposos presos al otro lado del mundo.


Hyde Park Barracks Museum

Fuimos tan puntuales que apenas tuvimos que esperar 1 minuto para que abriera sus puertas (xxhs) . Sacamos dos entradas (12$ cada una, se podía pagar con tarjeta de crédito), recibiendo con ellas un folleto y una audioguía en castellano. El relator nos fue llevando por las diferentes salas dispuestas en tres pisos mientras nos contaba cómo había sido la convivencia con los pueblos que habitaban la isla antes de la llegada de los ingleses, las actividades que se desarrollaban en el edificio, cómo era la vida diaria de los convictos, y fruto de todo esto como se fue gestando la nación que se convertiría con el tiempo en Australia.

Pintura de los convictos de Hyde Park Barracks

Si bien no tenía la clásica apariencia de un prisión con celdas y rejas, los convictos tenían que seguir reglas estrictas con largas jornadas de trabajo, una hora de recreación al día y sólo dos breaks para comer: uno para el desayuno a base de porridge con maíz y azúcar, y el otro a las 2 de la tarde para la cena que consistían en pan y sopa. Si quebraban las reglas de conducta eran castigados con azotes, atados a grilletes o puestos a trabajar en las treadmills –molinos a tracción de sangre en los que los hombres subían y subían escalones manteniendo el sistema activo en movimiento-. Y pensar que algunos pagamos la cuota del gimnasio todos los meses para usar el escalador...

- Otra vez sopa?

Fue un recorrido sumamente interesante, sumado a lo que íbamos escuchando, había mucha información escrita, maquetas, cuadros que mostraban distintas situaciones en la isla, y objetos encontrados en la basura (cacharros, carozos de frutas e incluso ratas desecadas) que daban una dosis de humanidad en un lugar como este donde las personas eran catalogadas por números y oficios que desarrollaban. Descubrimos ahí quien fue Lachlan Macquarie, el primer gobernador del asentamiento, que junto con su esposa tenían el propósito de reformar a los reos transformándolos en personas útiles para la sociedad naciente. Se podría decir que al menos cumplieron en parte su objetivo ya que muchos, cumplida su condena, se convirtieron en pequeños empresarios exitosos. Durante mucho tiempo era una vergüenza ser descendiente de una persona desterrada del Reino Unido por su condición de delincuentes… a medida que fueron pasando los años eso cambió y ahora es un orgullo tener como antepasados a estos individuos que fueron los pilares del país actual.

En uno de los pisos superiores había una representación de las habitaciones de los convictos, una con 30 y otra con 70 hamacas colgantes que auspiciaban de camas; todo se podían tocar e incluso era posible recostarse para tener una idea de cómo era dormir ahí… unos minutos estaba bien, pero ni quiero imaginar el dolor de espalda que tenían después de dormir algunas horas ahí.



En otros de los cuartos encontramos las camitas donde dormían las mujeres hasta que eran ubicadas en casas como empleadas –en general de limpieza o niñeras-, retiradas por sus familiares o solicitadas como esposas. Baúles con objetos y pantallas interactivas permitían profundizar en la historia de algunas de estas pobres almas que habían pasado por el lugar.


Luego de una hora dimos por concluida la visita. Si uno tiene paciencia y no va con Seba o con niños (lo que en este caso es prácticamente lo mismo) puede dedicarle un rato más al museo. Nos pareció una linda visita, didáctica y muy interesante tanto para adultos y chicos.

Cuando salimos aún llovía, así que nos fuimos hacia el H&M. Saciado el hambre de compras, pero no el de comida nos fuimos al Food Court del Town Hall, donde hicimos la parada de almuerzo. Al no ser la hora pico de oficinistas hasta pudimos elegir donde sentarnos!

Concluido el almuerzo nos fuimos al barrio chino, muy parecido al de otras ciudades. Habiendo ido a China y teniendo uno en Buenos Aires no nos llamó particularmente la atención, fue más de lo mismo. Recorrimos Dixon Street, cuyas dos cuadras peatonales se encontraban delimitadas por los  característicos arcos custodiados por los perros/leones de Budda. En esa calle y en Hay y Sussex Street estaban la mayor parte de los negocios y restaurantes.

Chinatown

Más allá de la curiosidad que nos generó ver cómo era Chinatown, fuimos ahí en busca del Hay Market. Este extraño centro comercial combinaba un par de pisos con locales de diferentes marcas (varios eran outlets), como uno puede encontrar en cualquier shopping, y un subsuelo con puestos de chucherías, souvenirs, ropa trucha, y hasta comida: el Paddy Market. Esa feria de cachivaches por lo que leímos en la guía se arma de miércoles a domingo y es el lugar para comprar recuerdos del viaje a menor precio que en los locales del centro; tras haberlo recorrido y haber comparado los precios de ambos lugares damos fe de que esa última aseveración era cierta! Eso sí, no esperen nada glamoroso, y tienen que tener tiempo y paciencia para recorrer un poco y preguntar por el mismo producto en distintos stands (algunos tienen algunas cosas más caras que otros), y cuando encuentran casi todo lo que quieren en un mismo lugar… a comenzar el regateo!!! Por ejemplo, un magnet que ahí estaba a $1, en un local a la calle del barrio chino estaba a $2 y en el centro podría llegar a $4 o 5. La desventaja es que algunos solo aceptaban cash, y en otros había que llegar a un valor mínimo a partir del cual se podía pagar con tarjeta. Aprovechando que llovía, estuvimos un buen rato dando vueltas y compramos varios regalitos.

Hay Market

Paddy Market I

Paddy Market II

Para la tarde teníamos una de las actividades de mi lista de “must” de la ciudad, en realidad era más un capricho… merienda en el café Lindt, mi marca preferida de chocolates. Cuando organizábamos el viaje y descubrí que existían esos cafés dije “ahí quiero ir, cueste lo que cueste!”. Así que fuimos caminando bajo la garúa hasta Martin Street, donde encontramos en la planta baja de un antiguo edificio un salón con cierta elegancia digna de un café clásico europeo donde iba a hacer ese dulce sueño realidad. 
Tal como esperaba el lugar no era para nada barato, pero basados en la teoría de que en las vacaciones uno tiene que darse ciertos gustos hicimos el pedido… elegimos un doublé black –un café negrísimo al gusto de Seba-, un cappuccino, un chocolate orange brownie y una porción de celebration du chocolate. El brownie estaba muy buen con un sabor intenso a chocolate que contrastaba con la naranja; una combinación mágica! La mini porción de torta de chocolate amargo con mousse de chocolate con leche cubierta con ganache de chocolate me decepcionó un poco, esperaba algo con un sabor más fuerte y de un tamaño más acorde al precio. Globalmente fue una linda experiencia.



Antes de salir dimos una vuelta por el sector de chocolates donde había una increíble variedad de trufas que jamás había visto en mi vida… Además de los habituales chocolate con leche, amargo, blanco y caramel, había con hazelnut, coco, frutilla, naranja y muchos más que no recuerdo. Seleccionamos un par de los sabores que nos resultaron más atractivos y cerrando los ojos entregué la tarjeta de crédito… salimos felices con una pequeña bolsa con deliciosas “bolitas” de chocolate.



Cuando salimos seguía lloviendo… así caminamos unas cuadras y que dimos una vuelta por UNIQLO (que en verano, sin sus clásicas camperas plegables, nos resultó un local sin mayor atractivo), Forever 21 (mi primera vez en 36 años) y Zara Home. Esos no eran los únicos locales, casi todas las marcas conocidas tenían a su representante en la zona. A pesar de ser un país relativamente caro, en varios había productos en sale a precios muy convenientes. No esperen una visita a Gucci o a Louis Vuitton en nuestros viajes...

Durante el recorrido del día notamos que el espíritu navideño era muy evidente en algunas calles como Pitt que estaba completamente adornada con luces que formaban una especie de techo, o el gran árbol de Martin Street. Era tal la sensación de Navidad de películas que casi me tocan una fibra sensible…

Volvimos otro día, sin lluvia, a sacar la foto

Regresamos bajo una garúa intermitente que cesó durante algunas cuadras permitiéndonos atravesar el Hyde Park, convirtiéndose unos metros más adelante en lluvia.

Cuando llegamos al departamento nos pusimos cómodos e iniciamos la parte del día de relax con una picadita de maní, doritos y hummus, que fue seguida de comida mexicana que compramos en el Zambrero de la vuelta. Esa noche no hubo Coldplay, sólo nos acompañó el ruido de la lluvia.

Conclusiones del día:
  • Hyde Park Barracks Museum: nos encantó. Interesante, didáctico y entretenido para adultos y niños. Un must del itinerario!
  • Patios de comida/ Food Court del Town Hall u otros edificios: conviene ir apenas pasadas las 12 del mediodía para poder elegir tranquilos y encontrar lugar para sentarse.
  • Barrio Chino: "lo dejo a tu criterio" como diría Karina Olga. Mi opinión está sesgada por tener uno a 20 minutos de mi casa y haber visitado China.
  • Hay Market/ Paddy Market: lugar ideal para comprar souvenirs a buen precio. Requiere tiempo, pacientes y ganas de regatear.
  • Cafés Lindt: Los brownies son espectaculares y tienen mejor relación calidad precio que otras bollerías del lugar. Si viajan, recuerden que amamos las trufas Lindt de chocolate amargo (son las de envoltorio azul)!!!

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sábado, 14 de abril de 2018

Sidney: amor a primera vista!!!

By Sole

Luego de las dos horas de tren habíamos recorrido todo el trecho entre Katoomba y Sidney.

Antes de salir de Sydney Central nos tomamos unos minutos para mirar el gran edificio de estilo inglés que alberga la estación; realmente es muy pintoresco. El imponente árbol de Navidad en el hall nos recordó que estábamos a 10 días de la nochebuena.

Christmas is in the air...

Teníamos reservado un departamento en el barrio Darlinghurst, precisamente a 1 kilómetro y 100 metros de ahí. Ni bien pusimos un pie en la calle notamos el calor que hacía… los 37°C pronosticados para ese día se estaban haciendo realidad. Con el recorrido que debíamos hacer en mente comenzamos a caminar… Lo que no nos había dicho Google Maps era que las calles tenían pendiente… y mucho menos que eran en subida!!! Otra vez estábamos arrastrando valijas cuesta arriba!!! Así que fuimos caminando lentamente por un lindo vecindario que combinaba casas modernas intercaladas con algunas de estilo colonial de fines del 1800 (como característica común tenían un pequeño porche y un balcón con rejas trabajadas en el primer piso), varios restaurantes étnicos y un par de cafés muy palermitanos donde me veía sentada en cualquier momento. Muy buena primera impresión.

Con mi “hombre mapa” llegamos a destino en tiempo y forma. Scott nos estaba esperando para entregarnos las llaves del studio y darnos algunas recomendaciones. Resultó ser un anfitrión super correcto y cordial, un divino! También quedamos encantados con nuestro pequeño monoambiente que contaba con kitchenette integrada, con horno eléctrico y muchos implementos de cocina; muy bien equipado!

Dejamos el equipaje, nos cambiamos parte de la ropa –habíamos llegado empapados-, y volvimos a salir al horno. La idea era recorrer lo máximo que pudiéramos ese día ya que en los siguientes estaba pronosticada lluvia. Considerando el horario, el principal objetivo de la siguiente hora era comer! 

Ni bien salimos giramos en Oxford Street, una calle comercial con bastantes negocios, y algunos bares, y fuimos hasta College Street donde encontramos el famoso Hyde Park.
Como me suele pasar, me encantó encontrar ese gran parque, de 16 hectáreas, en medio de la ciudad. Si bien, lo que las guías resaltan como atracción principal es el Anzac Memorial, un monumento que recuerda a los australianos que sirvieron a su país en las fuerzas armadas tanto en tiempos de guerra como de paz, lo que más captó mi atención fueron las flores y árboles con todo el esplendor primaveral, unos tentadores bancos para sentarse a la sombra y la Archibald Fountain. Ya habría tiempo para mirar todo en detalle más adelante… en ese momento teníamos hambreee!!!

Hyde Park

Las calles que lo circundaban tenían muchos edificios históricos llamativos, pero nada de locales de comida; habíamos elegido la calle equivocada para caminar. Pasamos junto al Australian Museum, el Cook + Phillip Park con sus piletas de natación subterráneas (el olor a cloro de los alrededores ponía en evidencia su presencia), la catedral de St Mary, y el Hyde Park Barracks, el antiguo presidio devenido en museo que pensábamos visitar uno de los días de lluvia.

Catedral St Mary

Parque mediante divisamos la Sydney Tower Eye, quedándonos con la sensación de que era un edificio que sobraba en una ciudad con tantas imágenes icónicas; sólo se puede entender la presencia de esas torres en ciudades como Auckland o Seattle que no tienen nada característico que las identifique en una vista panorámica.

Archibald Fountain + Sydney Tower Eye

En algún momento giramos hacia el downtown propiamente. En las primeras calles encontramos muchos edificios de oficinas, algunos más nuevos que otros, y locales de los más variados, pero apenas algún café perdido. Habiendo tantas oficinas y oficinistas con un look muy formal (ellos iban con camisas de vestir y en muchos casos corbatas, y ellas muy arregladas con camisas, polleras y tacos altos) dando vueltas por los alrededores en algún lugar tenían que estar los restaurantes!

Casi de casualidad caímos en un patio de comidas en el subsuelo de un edificio del oficina, el MLC center. Como si se tratara de un shopping había varios puestos con opciones de comida muy diversas: café con bollerías, ensaladas, sándwiches, hamburguesas, salteados asiáticos, sushi, pescados, pastas y mucho más. Justo caímos en el peor horario… todos los trabajadores de la zona parecían estar ahí eligiendo sus almuerzos. Abrumados por tanta variedad, terminamos con un par de sándwiches, lo más sencillo y rápido para comer al paso. A pesar de la gran cantidad de mesitas que había en el interior del salón, terminé sentada en una mesa comunitaria en el exterior del edificio, a metros de la vereda, mientras Seba hacía el pedido. La mayoría de los comensales eran personas solas que estaban abstraídas en su plato y/o celular (esa mala costumbre no conoce fronteras). Mi observación sociológica fue interrumpida rápidamente por la llegada de Seba con los deliciosos sándwiches. Finalizado el almuerzo, y sin tiempo para descansar, seguimos adelante.

Siguiendo derecho por George Street llegamos a The Rocks, una de las zonas más antiguas de la ciudad que aún conserva algunas casas coloniales, bares y restaurantes, gran parte de ellos con sus fachadas originales. Antes de recorrer el barrio, tomamos Argyle Street y siguiendo los carteles indicativos llegamos unas escalinatas que nos terminaron conduciendo al “Sydney Harbour Bridge”, el tradicional puente metálico que aparece en las fotos de la ciudad.

The Rocks

Escalinatas para subir al puente

Este puente que conecta el sector financiero con la costa norte, inaugurado 1932, resultó más ancho de lo que esperábamos, no sólo tenía un sector peatonal, sino que también al menos dos manos de autos y vías de tren! Aunque no entiendo nada de ingeniería me resultó muy interesante observar todos los detalles de esa estructura metálica; pensar cómo se diseñó y construyó es todo un desafío para la imaginación.
Todos los tornillos y vigas de metal perdieron protagonismo cuando apareció la vista panorámica de la ópera de Sidney, el puerto y la ciudad de fondo. Estábamos frente a esa imagen que siempre se me había venido a la cabeza escuchaba “Sidney”.


La Opera desde el puente

El puerto desde el puente

De todas maneras, para mi gusto tenía un enrejado muy tupido que limitaba un poco la visibilidad y dificultaba la toma de fotografías… apuesto a que se trataba de una “suicide barrier” de las que se suelen instalar en los puentes más populares para evitar que la gente se tire desde ahí. Recorrimos poco más de la mitad del puente y dimos media vuelta. Hacía demasiado calor, a la alta temperatura ambiente se sumaba la del pavimento que reflejaba el sol y la generada por los autos que circulaban muy lentamente por ahí. Sacamos varias fotos, pero la selfie fue imposible!

Las fotos de arriba las sacamos a través de espacios como ese

Para los que buscan un poco de adrenalina, no sufren vértigo y tienen un presupuesto  más abultado que el nuestro, está la posibilidad de hacer el “Bridge climb”, o sea caminar por la zona más alta de la estructura metálica atado con un arnés de seguridad. Como no cumplíamos con esos criterios, la actividad quedó descartada.



Regresamos sobre nuestros pasos y volvimos a The Rocks, donde no pudimos evitar detenernos a sacar varias fotos a sus viejas casas; realmente un lugar encantador. Mientras caminábamos por sus calles sin un rumbo fijo nos metimos en el “Nurses Walk”, un pasaje peatonal que se mete en el interior de la manzana y conduce a un patio rodeado por locales comerciales. Antiguamente en ese sito estuvieron los dos primeros hospitales de Sydney (1788- 1816) construido por y para los convictos que vivían por esos lares del mundo. Un par de datos curiosos:

  • El hospital original, con capacidad máxima para 8 pacientes, tenía un jardín con hierbas nativas y exóticas que eran utilizadas como tratamiento ante la poca disponibilidad de drogas.
  • El segundo hospital fue prefabricado en madera y cobre en Inglaterra arribando con la Segunda flota en 1790. Su construcción estuvo terminada en 7 días e inmediatamente se lleno de pacientes. A pesar de tener mayor capacidad que el primero, también resultó insuficiente agregándose 100 carpas en los alrededores.
  • El segundo hospital prestó servicios hasta 1816 momento en que los pacientes fueron trasladados al nuevo hospital de Sydney en Macquarie St.

Nurses Walk

De todo esto nada queda en la actualidad, y las tierras fueron posteriormente ocupadas por viviendas y comercios. Tal vez me extendí un poco con este tema, pero me pareció una historia interesante que da una idea de las condiciones en que vivían los primeros habitantes hace más de 200 años.

Como ya habíamos tenido una primera imagen de The Rocks sin lluvia, decidimos seguir hacia Circular Quay; teníamos pensado volver otro día a tomar una cerveza en Lord Nelson Brewery Hotel.

Caminamos por la explanada que está frente al Museum of Contemporary Art desde donde se pueden sacar lindas fotos de la ópera sin las rejas del puente (hay que hacerlo en el momento en el que no esté pasando un barco!) Es una zona con mucho movimiento, en los minutos que estuvimos pasaron varios ferries que iban y venían.

Ahí sí hubo selfie

Tras atravesar Circular Quay –sería el embarcadero-, llegamos a la península de la Opera… cada vez la teníamos más cerca!!! Escalinatas mediante llegamos hasta tenerla tan cerca que podíamos tocar sus paredes exteriores y observar con lujo de detalles sus majestuosos techos recubiertos de cerámicos en diferentes disposiciones. Si bien estaba la posibilidad de hacer la visita guiada y hasta disfrutar de alguna ópera, ya habíamos decidido no hacer ninguna de esas actividades; nuestro interés por la arquitectura y las obras musicales es bastante limitado.

Techo de la Opera

Como si se tratase de una carrera de postas ingresamos al Royal Botanic Garden por la entrada que estaba en las inmediaciones de la ópera. Se trataba de un hermoso jardín con gran variedad de especies vegetales (algo bastante obvio tratándose de un jardín botánico), algunos ibis caminando por el césped, bancos para sentarse, bebederos y senderos para recorrerlo.

Ibis

La Opera desde el jardín botánico

Teníamos el dato que desde ese parque se tenía la mejor vista de la ópera y el puente juntos. Con la intención de chequear si eso era cierto fuimos bordeando la bahía en dirección a Mrs Macquarie’s chair, el extremo de la península… cuando nos íbamos acercando notamos que el sendero estaba cerrado por los preparativos de un evento… Nooo!!! Sin perder las esperanzas continuamos caminando y respiramos aliviados cuando encontramos un desvío. Confesaré que el alivio fue parcial porque en ese mismísimo momento nos dimos cuenta que se podía acceder al punto panorámico en micro… antes de que pudiéramos siquiera pensar en los tours vimos pasar el primer bus. Toda la tranquilidad del parque desapareció abruptamente cuando chocamos con los representantes mundiales del turismo langosta. Fueron tan maleducados que nos dijeron varias cosas en su propio idioma mientras nos hacían un movimiento con la mano que interpretamos como “muévete que me quiero sacar una foto ahí”. “No entendo” les respondí mientras seguía posando para la foto.

Desde Mrs Macquarie’s chair point

Habiendo sacado las fotos huimos del lugar!!! Saben lo que encontramos en medio del parque??? Baños públicos limpios!!! Esto sumó un par de puntos más al jardín botánico que a esta altura ya formaba parte de mi lista de lugares que no deben faltar en un itinerario de Sidney!!!

El cielo continuaba nublado y cada tanto caían algunas gotas, no sabíamos si se trataba de una nube pasajera o si en cualquier momento se largaba a llover; la temperatura era agobiante.

Con calor y sed salimos del parque y nos fuimos al Starbucks que estaba enfrente de Circular Quay. Nos sentamos en una de las mesas exteriores a tomar un refrescante Frapuccino mocha, y de paso descansamos un poco. Qué placer!!!



Algo recuperados y con un poco de azúcar en la sangre, nos encaminamos hacia el centro financiero. Tomamos George St pasando por el Queen Victoria’s building, el City hall y el Barrio Chino, terminando en la estación central de trenes a la que habíamos llegado aquella mañana. El objetivo de ese momento era encontrar el supermercado para comprar algo para la cena y días subsiguientes.

Queen Victoria’s building

Barrio Chino

La pasada por el super fue bastante rápida principalmente por su pequeño tamaño y el cansancio que teníamos. Reconfirmamos ahí que los supermercados no vendían bebidas alcohólicas; para suplir esa función existían los “liquor places” dedicados exclusivamente a vender alcohol. Cuando salimos la amenaza de lluvia se había transformado en realidad, y garuaba con cierta intensidad, lo que nos hizo acelerar el regreso al departamento.

Mientras preparábamos la cena Seba dijo “Me parece que en el barcito de la vuelta hay una banda que hace covers de Coldplay”. Cenamos, y la música seguía escuchándose a lo lejos... En un momento se nos pasó por la cabeza “no estará tocando Coldplay?”. Efectivamente, era 14 de diciembre y la banda estaba dando un show a unas 20 cuadras de distancia. Concluimos la cena comiendo un sabroso mango con “Hymn for the weekend” de fondo.

Esa noche nos fuimos a dormir sin activar el despertador escuchando el sonido de la lluvia que en ese momento se había hecho más intensa.

Algunas recomendaciones:
  • Estación central de tren: recorrer su hall principal.
  • The Rock y alrededores: caminar sin rumbo por sus calles y sacar tantas fotos como tengan ganas. No incluiría "Nurses walk" en el itinerario.
  • Sydney Harbour Bridge: caminar por el sector peatonal para ver de cerca esa gran estructura metálica.
  • Para tener las mejores vistas de la Opera de Sidney: ir a la explanada que está frente al Museo de Arte Contemporáneo.
  • Royal Botanic Garden: dedicarle un buen rato para recorrerlo sin apuro, e ir hasta el Mrs Macquarie’s chair a sacar la foto de la Opera con el puente de fondo.

sábado, 7 de abril de 2018

Recorriendo las Blue Moutains a nuestra manera

By Sole

13 de Diciembre de 2016

Arriba tempranito! Queríamos aprovechar bien el día, sobre todo las primeras horas de la mañana antes de que llegasen los day trip desde Sidney.
Ni bien abrió la cocina del hostel desayunamos, y un rato después, con el estómago feliz, partimos hacia las Blue Mountains!

Tomamos la calle principal Katoomba St, que para nuestra felicidad estaba desolada. Las primeras cinco cuadras más cercanas a la estación conformaban la “zona comercial” con locales de comida, antigüedades y ropa outdoor; en ese momento estaban todos cerrados. El resto del trayecto fue por un área bien residencial con casas con jardines de estilo inglés; si bien todas eran diferentes, tenían un factor común que era el aspecto antiguo.



Katoomba St

Por la irregularidad en el largo de las calles y la ausencia de una grilla de manzanas tradicional es difícil saber cuánto caminamos hasta llegar al Echo Point, pero estimamos que habrán sido 1,5 km.

En el Echo Point encontramos el parking de los micros de excursiones y la “oficina de informes”, donde parecían vender la información en lugar de brindarla en forma desinteresada; había carteles que prohibían sacar fotos a los mapas, pero si se podían comprar las fotocopias, y souvenirs expuestos en gran parte del local. Estaba todo preparado para llegar ahí, comprar un par de cosas y visitar el mirador de las grandes estrellas de la zona: “The three sisters”, 3 formaciones rocosas que sobresalen por su forma y cercanía con la ciudad. Era el plan perfecto para los amantes de los tours sedentarios.


Tal como habíamos anticipado el estacionamiento estaba vacío y apenas había algunas personas en el mirador. Uno de los “balcones” estaba a nivel de la calle, mientras que para acceder al inferior, llamado “Queen Elizabeth Lookout” en honor a la reina de Inglaterra que estuvo ahí en 1954, había que bajar un par de rampas. La vista desde ambos nos resultó excelente. No solo se veían “las tres hermanas” desde un punto privilegiado, sino que también ofrecía una visión panorámica de las Blue Mountains y los bosques, generando una sensación de inmensidad.


Blue Mountains

The Three Sisters


Para que sea más fácil ubicarse en el recorrido que vamos a describir a continuación... el Echo Point estaba en la parte alta de la montaña y los senderos que partían desde ahí iban bordeando el acantilado (por ejemplo, el Prince Henry Cliff Walk). En la parte más baja, lo que sería el valle, había un bosque atravesado por otras sendas que corrían paralelas a las previas pero muchos metros más abajo. 

Otra de las actividades del área que no requería gran esfuerzo era la caminata hasta “The three sisters”, por una senda de unos 500 metros. Con bancos a los costados, por si alguien se cansaba, y el suelo pavimentado parecía pensada para que todos pudieran acceder, incluso con cochecitos de bebé. Para los más curiosos que queríamos llegar hasta la mismísima formación rocosa, había un desvío con escaleras y un puente, el “Honeymoon bridge”. Si bien llegamos hasta ahí, apenas permanecimos los minutos justos como para sacarnos un par de fotos ya que el viento era muy intenso.


Sendero ATP

Hacia "las tres hermanas"

Desde ahí, en lugar de regresar al Echo Point, tomamos un desvío el sendero que iba bordeando el boscoso valle desde la parte alta del acantilado, el “Prince Henry Cliff Walk”. A diferencia del paseo anterior, este camino era bien rústico, con superficie de tierra, y discurría entre arbustos, algunos árboles más altos como eucaliptus, y dependiendo de la humedad del sector mayor o menor cantidad de vegetación con predominio de helechos. Sobre todo, en las partes más húmedas prestamos especial atención de no rozar con el cuerpo las plantas, nunca se sabe que horrible insecto, reptil, roedor u ofidio puede habitar por esas zonas… Lo único que vimos fueron pequeñas lagartijas que al escuchar nuestros pasos salían corriendo evitando la suela de las zapatillas. Cada tanto había desvíos del camino hacia miradores que se proyectaban sobre el bosque. Disfrutamos mucho de esa tranquila caminata matutina, con una temperatura agradable, parcialmente protegidos del sol, y con ese silencio que tanto no gusta y nos permite conectarnos mejor con la naturaleza. Las pocas personas que nos cruzaron apenas rompieron el silencio con un “hello” o “good morning”, clásica camaradería de caminantes solitarios; nada de gritos ni música a todo volumen.







La situación cambió un poco cuando llegamos a las “Leura cascades”, el punto del camino que habíamos marcado como primer destino. Al estar cerca de la ruta, y poder acceder apenas caminando unos metros por un sendero muy bien acondicionado, había bastante gente. Eso sí, desde ahí solo se podía llegar a la parte alta de la cascada que sinceramente no nos impresionó demasiado… desde el camino habíamos visto que también había gente en la parte baja y era hacia ahí donde queríamos ir. Sacamos las fotos de rigor y fuimos a buscar la manera de bajar; tuvimos que volver unos cuantos metros sobre nuestros pasos al no encontrarlo en la zona cercana al estacionamiento.


Leura Cascade desde arriba

A la ida habíamos pasado junto a un desvío del camino, que iba hacia abajo, junto un cartel que indicaba “Cliff Drive via Fern Bower. Track in poor condition. Experienced walkers only”. Cuando nos fijamos en el mapa que teníamos no encontramos nada con ese nombre… como ya habíamos identificado el resto de las bifurcaciones, dedujimos que podía ser lo que buscábamos. Nos generó un poco de dudas las “pobres condiciones del sendero”, pero arriesgándonos a lo que podría venir lo tomamos; lo peor que podía pasar era tener que girar 180° y volver a subir.


Y vamos...

Los primeros cientos de metros resultaron ser una sucesión de escaleras descendentes, algunas metálicas y otras adaptadas al terreno con trozos de troncos de árboles que hacían de escalones. Bajamos, bajamos y bajamos llegando tal como queríamos a la parte inferior de las Leura Cascades. Sin dudas el mejor ángulo era desde ahí, una de las mejores imágenes de toda la mañana!!! Valió la pena bajar todos esos escalones ya que además de la vista nos permitió volver a nuestra deseada soledad… ya íbamos a tener que subir todos esos escalones, pero eso era un problema del futuro.


Escaleras y más escaleras

Leura Falls desde abajo



Habiendo identificado a ese sendero como el "sin nombre" el mapa teníamos cierta certeza de que en algún momento se iba a conectar con el Federal Pass que era el que queríamos tomar más adelante. Esa senda corre paralela al Prince Henry Cliff pero muchos metros más abajo, por el bosque que veíamos desde arriba.
No podíamos quedarnos todo el día en la catarata, había que seguir!!! Continuamos caminando un rato más siguiendo las ondulaciones del terreno; las “poor conditions” seguían sin aparecer, tal vez se referían a que el camino no tenía barandas en las zonas de precipicios, algo que es habitual en los senderos que solemos recorrer. Al mirar hacia arriba se veían las altas formaciones rocosas sobre las que habíamos caminado previamente, era bien evidente lo que habíamos descendido.






Justo cuando llegamos a un cartel que indicaba que estábamos caminando por Leura Forest nos cruzamos con un curioso pavo negro de cabeza roja y cuello amarillo. Si bien estábamos a muy poca distancia no mostró ningún signo de miedo o ansiedad, y siguió dando vueltas y escarbando la tierra como si no estuviésemos ahí… nos quedamos un ratito mirándolo. Para que imaginen la tranquilidad del animal, fuimos nosotros los que abandonamos el lugar mientras él seguía en la suya.




Unos metros más adelante, en un claro del Leura Forest justo antes de la bifurcación en Federal y Dardanelles Pass, encontramos un bonito área de picnic con varios bancos y mesas de madera. Qué linda sorpresa!!! La verdad es que no esperábamos encontrar un lugar para sentarnos en el medio del bosque. Aprovechamos los asientos para descansar unos minutos e hidratarnos, mientras observábamos en lo alto de los árboles un trío de pájaros azules y rojos (buscando las aves de la zona pudimos ponerles nombres: perico elegante o rosella roja). Nos encantó el lugar!



Perico elegante o rosella roja

Cuando se hizo el momento de seguir caminando tomamos el “Dardanelles Pass”, que corría paralelo al Prince Henry (por arriba) y al Federal Pass (por abajo). Un lindo sendero arbolado (algo importante cuando uno camina bajo el sol del mediodía), con poca gente, donde el único sonido era el canto de los pájaros, o en algunos casos “chillidos” provenientes de las cacatúas.
Habiendo llegado a ese punto del camino sin dificultades ni evidencia de deterioro del sendero concluimos que el cartel era alarmista; una forma de filtrar gente? Si es así bienvenido sea!!!


Cacatua

Mucho más rápido de lo esperado llegamos al punto en que el Dardanelles Pass se une al Federal, tomando finalmente este último. En la cercanía de esa intersección estaba la bajada de “The Giant Stairway” por lo que había un poquito más de movimiento, tampoco demasiado ya que el mismo nombre de la escalera generaba miedo y solo los valientes se atrevían a enfrentarla! En esa zona había algunos bancos donde nos sentamos a hacer el break del medio día antes de seguir adelante. Los ya clásicos sándwiches de queso salieron de la mochila mientras se nos hacía agua la boca!!! Justamente hablando de agua, en ese momento vimos con cierta alarma como las botellas que llevábamos se iban vaciando, y la sed reaparecía rápidamente… No teníamos termómetro, pero de seguro la temperatura pasaba los 30°C, como había sido pronosticada; el calor se sentía a pesar de ir caminando por la sombra.


A comer!!!

Concluido el almuerzo seguimos caminando un rato más hasta llegar a Furber Steps, el sendero con escalones que iba a llevarnos al nivel superior, o sea de regreso al Prince Henry. Antes de iniciar la parte más dura del ascenso pasamos junto a la parte más baja de las Katoomba Falls que apenas eran un hilito de agua; “esto es todo?” nos preguntamos con algo de decepción. Más allá de la pobreza de agua, la zona nos resultó tranquila y linda como picnic area, de hecho, alguien había tenido la misma sensación que nosotros y había instalado una mesa con bancos. Para que tengan en cuenta si están planeado la caminata…


Seguimos caminando...

Katoomba Falls

Recuerdo que mientras íbamos caminando por ahí agregamos a Australia como destino de un futuro viaje, realmente ese país merece un viaje dedicado exclusivamente a él. Como siempre, no abandonamos un destino que ya estamos agregando otros tantos a nuestra larga lista de lugares a visitar!!!

Basta de soñar y volvamos al ascenso!!! Por más que subimos una innumerable cantidad de escalones con una estética similar a las escaleras “naturales” y artificiales por las que habíamos bajado, al estar intercaladas con sectores de terreno plano que pasaban por pequeñas cuevas, “pantanos colgantes” y desvíos hacia miradores no nos cansamos tanto y ese trecho resultó mucho más tolerable de lo que esperábamos. Visitamos algunos de los lookout que tenían lindas vistas de las "three sisters" pero desde otra perspectiva diferente a la de la mañana. Movidos por la curiosidad también hicimos el corto trayecto hasta las Katoomba Falls… a ese nivel había una caída más interesante de agua, pero no eran tan impresionantes como las Leura.


Llegó la hora de subir!!!


Katoomba Falls desde arriba

Entre subidas y desvíos, finalmente llegamos al Prince Henry, y desde ahí a un estacionamiento que estaba junto a la calle. En ese momento ya estábamos sin agua y con sed!!! La deshidratación nos acechaba!!! Teníamos que buscar un bebedero o algún puesto donde comprar bebidas. En ese parking no había nada… así que fuimos por la opción B, ir hasta el “Scenic World”.


The Three Sisters desde el otro lado

Antes de seguir adelante voy a detenerme a contarles de que se trata el complejo hacia el que nos dirigíamos… Se podría decir que hay dos tipos de turismo en Katoomba, el de los que caminamos por los senderos (que tal vez pernoctan en un hostel o hacen un day trip desde Sidney tomando el tren), y el de los que ven los bosques y formaciones rocosas desde trencitos, teleféricos y artefactos similares (cuyos cables arruinan el grandilocuente paisaje), y apenas caminan algunos metros si osan tomar las sendas interpretativas de las inmediaciones (clásico day trip desde Sidney). Para este último grupo existe un lugar llamado “Scenic World” que ofrece ese tipo de servicios. Apuesto a que las guías de turismo y productores de algunos documentales que vimos antes de viajar recibieron unos cuantos billetines para mencionarlo entre las 10 actividades “imperdibles” de Sidney y alrededores.


Teleférico del Scenic World

Sedientos nos metimos en el “Disneyland” del Blue Mountains donde cruzamos… en primer lugar orientales, dejando muy alejados en un segundo puesto a los indios (se deben estar animando más al turismo porque en los últimos viajes hemos notado mucho más su presencia), y por ultimo caucásicos rubios y de pieles muy blancas. Los caucásicos de pelo oscuro no existíamos… Ingresamos en un edificio donde estaban las boleterías (se podían contratar las actividades que mencioné arriba cada una por separado o un combo), y un inmenso gift shop donde encontramos un Gatorade!!! Fueron 600 ml de líquido azul azucarado y refrescante!!! Pagamos los $5 que costaba, usamos los sanitarios del lugar amortizando el precio de la bebida, y nos fuimos al exterior a hidratarnos bajo la sombra de un árbol.

Repuesto algo del líquido perdido, decidimos caminar unos metros más por la ruta hasta el mirador “Eagle hawk lookout” (luego de todo lo que habíamos visto no nos aportó demasiado), emprendiendo posteriormente el regreso que iba a ser por el Henry Cliff. Justo antes de tomar este camino, en el mismísimo parking del Scenic World que estaba atestado de buses con choferes orientales que esperaban a sus pasajeros, encontramos un bebedero!!! Qué felicidad, hay veces que uno se contenta con tan poco!!! Con las botellas llenas estábamos listos para seguir adelante!!! Desde ya que fue una caminata muchísimo más populosa que la de la mañana, con lindas vistas pero con menos contacto con la naturaleza.

A las 4 y algo ya estábamos de regreso en Echo point. Como aún faltaban un par de horas para el atardecer, nos hicimos una escapada hacia uno de los supermercados de la zona más céntrica para comprar algo para merendar. No les puedo explicar el cansancio que teníamos, las piernas casi no nos respondían, y encima la poca energía que teníamos la tuvimos que usar para espantar las molestas moscas que nos iban acechando; es una de las pocas cosas negativas que pudimos encontrar tanto en Sidney como en Katoomba, en medio de la ciudad como en medio de la naturaleza. Estos insectos nos revoloteaban en grupos e intrépidamente posaban sus patitas sobre nuestra piel, con una especial predilección por la cara, sobre todo en los ojos y orejas… Y encima el "Off" no las espantaba!!! Realmente insoportables sobre todo cuando tomábamos una selfie y teníamos que permanecer varios segundos quietos!!!

A pesar del cansancio que se había hecho más evidente en el último trayecto, íbamos a volver al Echo point a sacar fotos con la luz del atardecer; estimábamos que para las 18 horas ya no iba a haber tours de los day trips y que el lugar iba a estar más tranquilo.

Para variar un poco el camino, en lugar tomar Katoomba st, fuimos por Lurline St. En esta el paisaje era algo diferente, intercalándose en las sucesivas cuadras algún que otros negocio y alojamientos entre las casas residenciales. Al ser algo nuevo la caminata se hizo amena.

Casitas en Lurline St

Cuando llegamos al mirador aún había varios turistas orientales sacando fotos con desesperación como si estuviesen corriendo una carrera contra el tiempo… tal vez se les estaba por ir el micro, quien sabe… Recordando los banquitos que estaban en el corto sendero hacia las “tres hermanas” nos dirigimos hacia ahí, donde permanecimos sentados en la sombra de los árboles hablando y viendo gente pasar hasta que se hicieron las 18.

Nuestra predicción fue correcta y efectivamente cuando regresamos al lookout los turistas se habían ido; uno de los grandes beneficios de pernoctar en el lugar fue aprovechar esos extremos del día antes de que llegaran y luego de que se fueran los tours. Sacamos algunas fotos y fuimos rápidamente corridos por las moscas!!! Les aseguro que en varias de las fotos salieron en primer plano!


Atacados por las moscas

Desfallecientemente caminamos hasta el hostel con intenciones de no volver a salir hasta el otro día! Luego de caminar tanto nos merecíamos unos manicitos y una cerveza Kilkenny (Seba seguía aprovechando a probar los productos que no encuentra en Argentina).

Al día siguiente desayunamos, y las 8:00 horas hicimos el check out. El tren hacia Sydney Central partía a las 9:14 horas, así que nos fuimos directamente a la estación a sacar los pasajes ($10 cada uno) y a sentarnos ahí a esperar.

Esa mañana tuvimos un poco más de tiempo para ver la estación en detalle. Si bien la estética era bien tradicional y parecía quedada en el tiempo, el expendio de pasajes, carteleras y baños  estaba modernizado y era comparable al de cualquier país del primer mundo. Nos pareció una interesante combinación.


Katoomba Station

Unos minutos antes del horario de partida subimos a la formación y nos acomodamos dispuestos a “disfrutar” dos horas de paseo en el tren ultralento… la emoción de la ida ya se había esfumado. De alguna manera el tiempo pasó y a las 11:20 horas llegamos a Sidney.

Recomendaciones de Katoomba/ Blue Mountains:

  • Pasar la noche en Katoomba permite aprovechar la tranquilidad de las primeras horas de la mañana y las últimas horas de la tarde, cuando ya no hay turistas de day trips en los alrededores.
  • Aprovechar el momento con mejor luz para sacar fotos de las "Three Sisters" desde el Echo Point: el atardecer.
  • Llevar suficiente cantidad de líquido y snacks si van a pasar el día caminando por los senderos "más rústicos".
  • Como en todo hiking, caminar en silencio prestando atención a todos los sonidos, olores y movimientos de los alrededores. Es la mejor manera de identificar plantas, insectos, pájaros y otros animales.

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