sábado, 18 de noviembre de 2017

Auckland: Walking Tour Autoguiado (parte I)

By Sole

30 de Noviembre 2016

Un rato antes de las 9 de la mañana salimos a caminar por la ciudad con la idea de pasar por algunos lugares que teníamos ganas de visitar, pero avanzando sin tener un recorrido de calles preestablecido.

Esta era nuestra lista de lugares:

Central Business District (CBD). En pocas palabras el centro económico y geográfico, y la zona más antigua de la ciudad. La mayoría de los alojamientos para turistas, el puerto, y los locales comerciales de las grandes marcas están en esta zona que se caracteriza por un mix de edificaciones de distintos estilos y épocas. Lejos de parecer un mamarracho, nos resultó bastante interesante. Al ser temprano los negocios recién estaban comenzando a abrir dándole un poco de vida. Nos metimos en unas calles perpendiculares a Queen St donde descubrimos pequeños cafés y restaurantes, algunos tan lindos que nos dieron ganas de entrar. Habiendo desayunado y con todo el día por delante no era el momento de sentarnos ahí, así que seguimos caminando.

CBD: Cafeciiito!!!

Albert Park. Me encantan los grandes espacios verdes en medio de la ciudad. Son lugares donde encuentro pequeños “oasis” de silencio y paz, abstrayéndome del ruido y caos del tránsito y la gente. Este parque con senderos, césped y flores tan cuidadas que parecía que recién había pasado el jardinero, bancos para sentarse y algunas esculturas cumplió con todas mis expectativas. En ese momento, mañana de un miércoles, apenas había unas pocas personas caminando y un par de orientales haciendo tai chi.

Albert Park I: árboles

Albert Park II: caminos & bancos

Albert Park III: flores

Universidad de Auckland. Pese a no estar en la capital, es la universidad más importante del país. Lo que más no llamó la atención fueron la “Clock Tower”, que con sus 54 metros de altura es lo que más sobresale, y el “Waipapa Marae”, el lugar de la institución con esculturas maoríes que representa y reúne a los estudiantes de ese grupo étnico. En el resto del predio encontramos el campus con sus edificios y jardines que recuerdan bastante a las universidades estadounidenses de las películas.

University of Auckland I

University of Auckland II: Clock Tower

University of Auckland III: Waipapa Marae

University of Auckland IV: Waipapa Marae

Auckland Domain. Es otro de los parques de visita obligatoria, mucho más grande que el anterior y de superficie ondulante (algo que no es de extrañar ya que esta sobre un volcán). No le faltaba nada! Tenía árboles, senderos, canchas, jardín de invierno, estanque con patos y gansos, y hasta un museo en el interior (el siguiente punto de la lista). Aprovechamos uno de sus bancos para descansar y picar algo, antes de seguir hacia la actividad cultural del día. Por experiencia propia les cuento que si no miran bien los mapas que hay en el interior del parque pueden terminar caminando unos cuantos cientos de metros extras hasta encontrar el lugar al que se dirigen.

Auckland Domain I: mapa

Auckland Domain II: caminos

Auckland Domain III: Ginkgo biloba?

Auckland Domain IV: patitos

Auckland Domain V: Jardín de invierno

Auckland War Memorial. Es uno de los museos más importantes de la ciudad dedicado a la cultura maorí y naturaleza, más allá de la guerra como uno esperaría por su nombre. El edificio de por sí ya llama la atención por su tamaño; y como vimos posteriormente es fácil de identificar desde lejos. Pagamos la entrada básica de extranjeros ($25 cada uno), descartando de esta manera la opción de la visita guiada y del show maorí que tiene lugar dos veces por día (esto prácticamente duplicaba el costo del ticket). Para evitar accidentes con las obras expuestas, y hacer el recorrido más cómodo tuvimos que dejar las mochilas en el guardarropa quedándonos apenas con los celulares y cámaras cuyo uso estaba permitido.

Auckland War Memorial I

Comenzamos la visita por la planta baja dedicada principalmente de la cultura maorí y en un pequeñísimo porcentaje a otros grupos originarios de las islas del Pacífico. Entre los objetos expuestos se destaca una canoa de 25 metros con capacidad para 100 guerreros y la réplica de una casa típica, que acompañan a varias esculturas talladas en madera y vitrinas con armas, tejidos y otros utensilios de uso diario. Mientras estábamos recorriendo el lugar pasaron varios maoríes con instrumentos y ropas tradicionales invitando al show. Se nos vinieron a la cabeza los recuerdos de las mujeres Himbas de Namibia, y las yao con sus largos cabellos de China… Nunca nos atraen este tipo de espectáculos para turistas. No nos arrepentimos de no haber sacado esa parte de la entrada.

Auckland War Memorial II

Auckland War Memorial III: canoa maorí

Auckland War Memorial IV

Algo totalmente inesperado fue la sala dedicada a los niños y juguetes. Cronológicamente comenzaba con una réplica de un aula de mediados del 1900 con pupitres de madera, tinteros, pizarrón con tizas y viejos libros, siguiendo con todo tipo de juguetes desde esa época hasta la actualidad. Qué viejo se siente uno cuando los juguetes de su infancia están a varias vitrinas de la última. Fue un lindo viaje en el tiempo.

El siguiente nivel estaba dedicado a las ciencias naturales. Por un lado, había esqueletos y animales embalsamados de diferentes especies, encontrándonos finalmente con los kiwis!!! A falta de kiwi vivo caminando por un sendero (al no hacer caminatas por la noche es muy difícil ver a un animal en peligro de extinción de hábitos nocturnos), interesantes resultan los embalsamados!!! Si bien de aspecto eran como los imaginaba por las fotos, su tamaño superaba bastante la imagen mental que me había formado. Nos pareció un sector interesante sobre todo para los que viajan con niños. Otra área estaba destinada a la vulcanología, algo que no debería llamar la atención si considerábamos que justamente estábamos parados sobre un volcán. Nos encontramos con bastante información técnica, infografías con tipos de erupciones y las formas de morir asociadas (podrían formar parte del programa de tele “1000 maneras de morir”), y actividades interactivas como tocar y sopesar piedras de diferentes materiales o vivenciar en un simulador la erupción de un volcán en las inmediaciones de Auckland. Como niños tocamos todas las piedras (quedamos fascinados con la gran piedra pómez o la escoria que son mucho más livianas que lo que su aspecto sugiere) y nos sentamos en el living de la “casa simulador” a mirar las noticias de la tele mientras a través de la ventana veíamos como iba apareciendo un volcán en el mar, que finalmente terminaba matándonos… 

Auckland War Memorial V: kiwis

Con algo de cansancio y llegando al punto crítico de tolerancia de un museo por parte de Seba, hicimos una rápida pasada a la planta superior especializada en las guerras mundiales y las internas de Nueva Zelanda. Poco puedo decir de lo que vimos, apenas recuerdo algunos trajes militares, unos aviones y un teléfono que me llevé al oído escuchando a Hitler que hablaba algo que no entendí producto de la barrera idiomática…
Antes de salir, hicimos la correspondiente exploración de baños que estaban limpios y eran muy modernos. Lo más remarcable es la salita para cambiar bebes, con sillones para amamantar y hasta microondas. Detalles “child-friendly” que hacen la diferencia para los que viajan con niños pequeños…

Auckland War Memorial VI: Salita cambiador

Ya era el mediodía y teníamos hambre así que nos fuimos hacia Parnell Road a buscar un lugar para almorzar.

Anterior/ Siguiente

sábado, 11 de noviembre de 2017

Por los caminos menos transitados de Rangitoto

By Sole

Martes 29 de Noviembre de 2016

Aprovechando que el día estaba lindo, nos pusimos el outfit outdoor y salimos hacia el puerto. Había bastante movimiento en la calle, principalmente gente que iba caminando con tentadores vasos de café en la mano; apostaría a que estaban yendo a trabajar. Otra de las cosas que vale la pena mencionar son todos los cafés (con salón para sentarse cómodamente y opción take away) por los que pasamos; evidentemente el día anterior los habíamos buscando en el lugar equivocado. Como aprendizaje: los cafés se toman en la zona del CBD y no en Ponsonby.

Tras cruzar Quay Street encontramos la oficina de Fullers, la empresa que tenía la concesión de los ferries a Rangitoto, y a otras islas y localidades de la zona. Compramos los tickets con retorno ($30 c/ uno, se aceptaban tarjetas de crédito), y tal como habíamos planificado tomamos el primero del día que partía a las 9:15 horas. No éramos los únicos madrugadores, junto a nosotros había un grupo de personas que viajaban por su cuenta, un tour (Fullers también ofrecía el “Volcanic explorer tour” por la isla), y un grupo de estudiantes secundarios. Antes de embarcar tuvimos que frotar las zapatillas por un “limpiador” hecho con 3 escobillones para evitar transportar barro, insectos, semillas y esporas al lugar de destino: una de las tantas medidas que se toman para proteger los ecosistemas de la contaminación de especies foráneas.


Limpiador de zapatillas

Nos acomodamos en el interior de la embarcación que 10 minutos después de partir estaba parando en la península de Devonport para recoger más pasajeros… quedaban por delante treinta minutos más de navegación. Una vez en tierra cada uno siguió su rumbo: el tour fue hacia el vehículo motorizado que los iba a llevar hacia el volcán), los estudiantes se reunieron con sus profesores, y el resto nos dispersamos. En realidad, la mayoría enfiló directo por el Summit track que iba hacia el volcán, excepto nosotros que atinadamente elegimos el solitario Coastal Track. Este sendero transitaba por la zona más periférica de la isla durante varios kilómetros y luego se conectaba con un desvío que terminaba en el Summit del volcán, la principal atracción de la isla; teníamos pensado llegar ahí al mediodía.


Mapa de la isla


Nos encontramos con una senda diferente a todas las que alguna vez habíamos caminado. La primera parte discurría por la costa a poco metros del mar por un terreno de piedra volcánica negra, muy rugoso e irregular. Tuvimos especial cuidado al pisar para no torcernos los tobillos o forzar las rodillas a posiciones raras, ni patear alguna piedra. En esa primera parte tuvimos la oportunidad de ver en la zona más cercana al agua una colonia de gaviotas que siguieron con sus actividades como si no hubiesen notado nuestra presencia.


Coastal Track

Unos 20 minutos después nos fuimos alejándonos progresivamente del mar, dejando de verlo. Es muy llamativo la tenacidad que tienen algunas plantas para sobrevivir en condiciones tan poco aptas como la de esa isla… nos solo había algunos helechos, sino que también arbustos creciendo en medio de rocas. El tiempo, algo de tierra que voló de la isla vecina, y semillas que llegaron con los pájaros y el viento hicieron que esta isla de origen volcánico fuese tomando vida resultando en lo que es hoy. Quién sabe cómo se verá en algunos cientos de años…






Luego de caminar durante una hora y diez minutos nos reencontramos con el mar, desembocando más precisamente en la bahía de Islington desde donde se veía la isla de Motutapu con sus praderas verdes. A pesar de la escasa distancia que separa ambas formaciones, las dos son completamente diferentes desde lo que es su origen geológico, antigüedad, actividades y densidad poblacional. Cuando uno lee la historia de Rangitoto cuesta imaginar a los maoríes que habitaban la vecina isla de Motutapu viendo la erupción de un volcán tan cercano que resultó en la formación de una isla a la que podían cruzar a pie… algo que sucedió aproximadamente hace 500 años nada más.


Contrastes: Rangitoto- Motutapu

Menos de 10 minutos después llegamos al Yankee Wharf, un pequeño embarcadero construido en la segunda guerra mundial. Considerando que hoy apenas quedan unos cuantos tirantes y una estructura de cemento distribuidos en una pequeña playa hay que usar mucho la imaginación para visualizar el lugar con los soldados y sus embarcaciones. 

Desde esa playa salía un camino de ripio que en 30 minutos nos llevó hasta la intersección con Islington Bay Road, tomando posteriormente el desvío hacia el Summit Track. Recién en esta parte del recorrido nos cruzamos con un par de personas del departamento de conservación que realizaban tareas de fumigación; había varios cintas colocadas en los árboles indicando que habían sido rociados con productos tóxicos.

En la última parte de la ruta el terreno plano quedó en el olvido adquiriendo una pendiente ascendente leve pero constante, una clara confirmación de que estábamos yendo en la dirección correcta. Si uno quiere llegar a la parte más alta de un volcán no le queda otra que subir! Tal como habíamos calculado, al mediodía estábamos junto a las escalinatas que nos iban a llevar al cráter. La excursión que vendía Fuller llegaba en camiones hasta este punto donde sí o sí había que subir las escaleras…

Tomamos coraje y ya visualizando mentalmente el almuerzo que nos esperaba unos minutos después, comenzamos a subir lentamente pero sin detenernos unos 300 escalones de madera que terminaban en el Crater Lookout; en ese trayecto fichamos un par de bancos de madera para sentarnos en caso de no encontrar otros.


Donde la escalinata nos lleve...

Si bien requirió algo de esfuerzo, no fue tan duro llegar al famoso cráter. Lejos del gran pozo de piedra que esperábamos, nos encontramos con un hoyo repleto de vegetación lo que le quitaba un poco de espectacularidad y lo hacía ver más pequeño de lo que en realidad era. No obstante, me pareció algo interesante de ver dejándome como enseñanza que no todos los cráteres son como los imaginaba producto de la imagen estereotipada que los dibujos animados me metieron en la cabeza.


El cráter

El otro punto de interés, a unos 100 metros de distancia de donde estábamos, era el Summit Lookout (a 259 metros sobre el nivel del mar) donde había un entarimado de madera con varios bancos para sentarse a disfrutar una vista panorámica de Auckland… disfrutar es una forma de decir si uno considera que había viento, hacía frío, todos los lugares para sentarse estaban ocupados, y un ruidoso grupo de adolescentes. Estuvimos apenas el tiempo suficiente para sacar un par de fotos y huimos más rápido que ratas por tirantes… En lugar de volver sobre nuestros pasos tomamos el Crater Rin track, un camino circular que terminaba en el Crater Lookout. Si bien las vistas desde ahí era nulas ya que discurría entre vegetación nos resultó muy interesante ver la variedad de piedras en el suelo mezcladas con tierra rojiza.


Auckland desde el Summit Lookout

Para cuando llegamos al mirador del cráter ya eran pasadas las 13 horas, estábamos cansados y con hambre. Sin dudarlo regresamos a los bancos de madera que habíamos visto en la subida, y sabiendo que teníamos tiempo de sobra para bajar nos sentamos a tomar unos mates y comer unos sándwiches.

Terminado el almuerzo volvimos a subir buscando el inicio del Summit track. Siendo el principal y más transitado sendero de la isla, había más gente que en todos los hikings anteriores. En los primeros metros nos cruzamos con varias personas que venían en sentido contrario que pronto iban a tener que regresar para tomar el último ferry del día junto a nosotros…


Emprendiendo el regreso al puerto

Era un camino con sentido descendente, bien delimitado de piedra negra un tanto irregular que se alternaba con pedregullo. A poco de comenzar a bajar empecé a sentir una molestia en la rodilla derecha que desapareció cuando tomamos el desvío hacia Lave Cave track. Justamente como su nombre lo indica este sendero, sin desnivel, nos condujo a unas cuevas y túneles que se formaron cuando la capa externa de la lava se enfrió y solidificó, englobando un mar de lava fluida que al drenarse dejó conformada estas estructuras. Temiendo la presencia de alimañas, especialmente murciélagos, nos limitamos a mirarlas desde la entrada. De regreso al camino principal seguimos descendiendo, aumentando paulatinamente la cantidad de gente a medida que nos acercábamos al tramo final. También volvieron las molestias en la rodilla ☹


Chusmeando una de las cuevas

Con tiempo más que suficiente, a las 14:50 horas ya estábamos en el muelle. En las inmediaciones había un par de galerías de madera con infografías, varios bancos para sentarse, algunas casas de habitantes de antaño (con un usufructo de por vida) y los baños públicos. Crease o no estos toilettes, ubicados en una isla deshabitada, estaban limpios, sin olor y hasta tenían papel higiénico a pesar de no tener un cuidador visible que reclamase una propina.


La cima del volcán desde abajo
Una de las pocas casas que quedan

A pesar de estar próximos al verano, la temperatura debía rondar los 20 grados y con el viento marítimo se sentía bastante menos, así que una vez que embarcamos fuimos directo hacia el sector cubierto donde casi me quedo dormida entre el calorcito y el movimiento oscilante.

Antes de que se me terminaran de cerrar los ojos llegamos al puerto. Mientras íbamos en búsqueda de un café recorrimos algunos negocios de souvenirs, que nos parecieron caros y sin productos que "nos enamorasen". En general incluían cosméticos a base de kiwi y miel de manuka (un arbusto local), tejidos de lana de oveja, esculturas de madera inspiradas en las de los maoríes, y los clásicos llaveros y magnets.

Hicimos la parada de merienda en “Ronnie” (una cadena de cafeterías que estaba presente en varios pueblitos por los que pasamos) y con las pocas energía que logramos recuperar caminamos un rato más por Queen Street contemplando la convivencia de edificios antiguos, de aspecto europeo, con otros modernos. La parte comercial apenas se extendía por algunas cuadras. Comparándola con sectores similares de otras urbes no pudimos evitar preguntarnos “esto es todo?”.


Recomendaciones & Tips de la Isla de Rangitoto:

  • Excelente opción de day trip al aire libre desde Auckland, a sólo 40 minutos en ferry.
  • Personalmente recomiendo el Coastal track por ser un sendero poco transitado en el que se puede tener un estrecho contacto con la naturaleza apreciando sus sonidos, olores, colores (incluyendo el suelo de lava negro), aves y plantas con una increíble capacidad de adaptación. Siguiendo los carteles se llega hasta Islington Bay Road y desde ahí ruta de ripio y escalinatas mediante al Summit track.
  • Hay que comprar el pasaje ida + vuelta en el puerto de Auckland (no vimos boletería en la isla), y calcular los tiempos estimados de las caminatas para no perder el último ferry de regreso.
  • No olviden llevar:
    • agua y algo para comer durante el día (no hay comercios en la isla);
    • gorro, anteojos de sol y protector solar (el sol en NZ es muy fuerte!!!);
    • calzado adecuado para caminar por terreno rocoso, las zapatillas de hiking con puntera dura son ideales.





Anterior/ siguiente

sábado, 4 de noviembre de 2017

Dejamos la playa y nos vamos a la ciudad: kia ora Auckland!!!

By Sole

Lunes 28 de noviembre 2016

A las 6:10 de la mañana ya estábamos despiertos; otra vez le habíamos ganado al despertador que estaba programado para sonar 20 minutos después. Hicimos el último desayuno de Paihia y a las 7:30 horas ya estábamos caminando hacia la parada del bus. Aprovechamos para tomar unas últimas fotos mientras esperábamos el arribo del InterCity.


No había mucha gente esa mañana...

Calle comercial de Paihia

Baños públicos (aclaro por si quedó alguna duda)

A las 8, con una admirable puntualidad, llegó el micro que había pasado previamente por KeriKeri. El chofer multitasking controló los números de reserva, guardó las valijas en el maletero, y una vez que encendió el motor anunció por altavoces el plan de viaje: iba a ser un servicio “directo”, o sea sin la parada de descanso, pero sí todo el resto de las intermedias… Efectivamente pasamos por todo pueblo habido y por haber que se encontraban entre campos agrícologanaderos. Respecto a estos últimos, a diferencia de lo que vemos en Argentina, suelen ser pequeñas parcelas muy bien trabajadas o con animales pastando con la intención de sacar el máximo provecho de cada metro cuadrado de tierra. Otra de las cosas que nos pareció interesante fue el gran estacionamiento de autos junto a la estación de bus de “Albany” –en las afueras de Auckland- reflejo de algún plan para optimizar la circulación en la ciudad y evitar congestionamientos: daba la impresión de que la gente conducía hasta ahí, estacionaba sus coches e ingresaba a la city con el bus público.

Luego de casi cuatro horas de viaje cruzamos el Auckland Harbour Bridge, observando la panorámica de la ciudad que recordaba del viaje de ida. Unos minutos después llegamos a la terminal. Teniendo en cuenta que esta íbamos a llegar y partir de Auckland en micro habíamos alquilado por Airbnb un departamento cerca de ahí, más precisamente a unos 100 metros de distancia. Tras algunos inconvenientes de comunicación con el dueño del departamento (y gracia a la conexión a wifi del Right Café, donde tomamos el primer café de NZ algunos días atrás, que el celular tenía memorizada), conseguimos la llave para entrar. Quedamos muy conformes con lo que encontramos: living y comedor con cocina completa integrada, dormitorio, baño con lavadora y secadora, y hasta un balcón tan grande que tenía mesas con sillas y una parrilla a gas.


"Home"

Dejamos el equipaje y salimos raudamente a buscar un lugar para comer algo. Pasamos de largo el restaurante indio que emanaba un intensísimo olor a curry (ese día necesitábamos algo más liviano) y terminamos en un local de la cadena de cafeterías “Esquires” donde comimos un roll de pollo y hongos en masa filo, y un sándwich de pollo con cranberry (por más que tenga la cabeza abierta a nuevas experiencias la combinación de carne salada con mermelada era tan poco feliz como la imaginaba). Mientras estábamos ahí notamos que el olor a curry del vecino comenzaba a invadir el lugar; combinado con la gran cantidad de indios que veíamos pasar a través de la ventana, por un momento nos teletransportamos al país asiático. Los orientales no se quedaban atrás y competían cabeza a cabeza; la mayoría eran jóvenes que parecían estar en el horario de almuerzo del trabajo.

No puedo evitar mencionar que ni bien llegamos al departamento no encontramos la clave de wifi, por lo que aprovechamos la conexión de Internet disponible donde almorzamos para resolver algunas dudas con el dueño del departamento (cómo dónde estaba la clave) y para calmar la ansiedad de Seba que no sabía cómo iba el partido entre Racing e Independient@!!!Se estaba jugando el super clásico y estábamos al otro lado del mundo! Por suerte el resultado estuvo de nuestro lado, conservando con ese 3 a 0 el buen humor de Seba!!! Acá está la foto del festejo con la Sky City Tower de fondo sacada desde el mismísimo piso.




Teníamos la tarde por delante para dar un primer vistazo a la ciudad. Comenzamos yendo hacia el puerto, encontrándonos con un sector de muelles desde donde partían los ferries y embarcaciones, y otro de amarre en el que había varios veleros de diferente tamaño. En esta última zona –Viaduct Basin- había varios restaurantes, edificios modernos de 4 o 5 pisos y un paseo costero que nos recordaron a Puerto Madero, salvo por la enorme cantidad de veleritos. No en vano se dice que Auckland, “the City of Sails”, es la ciudad con más veleros per cápita en el mundo, contabilizándose en 2014 un bote cada 11 habitantes.


Viaduct Basin

Aunque nos pareció un lugar muy lindo, el viento y el fresco del ambiente no creaban el mejor escenario para quedarse mucho tiempo por ahí por lo que rápidamente enfilamos hacia Franklin Road, una calle diagnonal que nos iba a llevar al barrio de Ponsonby.

Al alejarnos de la costa la temperatura se hizo un poco más amena. Si bien aún no había pasado el 8 de diciembre la ciudad ya había comenzado a "vestirse" de Navidad, no les puedo explicar la cantidad y el tamaño de adornos navideños que tenían las casas!!! Más allá de las luces que en algunos casos eran excesivas compitiendo con las de Chevy Chase, había grandes inflables de Papá Noel, trineos y hasta renos. No pudimos evitar preguntarnos si esta gente tenía tanto lugar en su casa como para almacenar durante varios meses al año un reno de tamaño real… Sin dudas, el barrio tenía un gran espíritu navideño!!!


La casa del reno Rodolfo
Terminamos desembocando en Ponsonby Road, lugar que las guías de viaje vendían como “llenos de cafés y restaurantes”. Como queríamos hacer una rica merienda nos parecía el lugar adecuado para visitar. Restaurantes encontramos muchos y de todas las nacionalidades (chino, vietnamita, mexicano y hasta una parrilla argentina), pero cafés brillaban por su ausencia… Lo más parecido que encontramos fue una “bakery” en Ponsonby Central –una especie de patio de comida con varios puestos- que cuando nos acercamos ya estaba cerrando a pesar de que ni siquiera eran las 17 horas. Se estaba complicando encontrar un lugar para merendar; lo más seguro era volver al centro o CBD (por Central Business Districtcomo figura en algunas guías.

Tras recorrer varias calles con pendientes ascendentes y descendientes, y esperar eternos semáforos que ponían muy nervioso a Seba llegamos a Queen Street. Nos dio la impresión de que era la calle más comercial de la ciudad por la presencia de locales de ropa y de todas las cadenas de comida rápida más conocidas.

Terminamos merendando un cappucino, un latte y un raisin bran muffin en un Starbucks. Habíamos tenido suerte de encontrar un lugarcito libre ya que el local estaba repleto. Sin exagerar, más del 50% de los clientes eran orientales, incluyendo uno con un vaso con el nombre “Messi”. Bue, no fue el único que tomó un nombre prestado de un juegador de fútbol como verán en la próxima foto... Fue un lindo momento de descanso con villancicos navideños de fondo; el espíritu navideño de Auckland estaba a full!!!


En honor a los 2 goles del día de Lisandro (detalle sólo para racinguistas)

Posteriormente seguimos hacia uno de los lugares que más me gustan de los viajes: el supermercado!!! Los de Paihia eran tan pequeños y limitados que apenas calificaban de mini mercados… recién en ese momento íbamos a visitar uno como correspondía. Ni bien comencé a observar sus góndolas quedé maravillada con la variedad de galletitas y panes de granos enteros (por más que ya no trabaje de nutricionista no puedo evitar ir a leer los ingredientes de sus etiquetas y obviamente llevarme alguno de estos productos ricos en fibra), y los potes de 500 gr de yogurt. Y siempre vuelve la misma pregunta, por qué en Argentina no podemos tener panes y yogures así y tenemos que conformamos con la poca variedad y calidad que nos ofrecen las grandes marcas tradicionales??? Como de costumbre el susodicho prácticamente me tuvo que arrastrar hacia la salida…

Regresamos caminando al departamento con nuestras bolsitas con víveres para un par de días. Otra cosa que me sorprendió fue el hecho que los supermercados tuvieran bolsas de nylon para poner los productos y no tener que pagar por ellas. Teniendo en cuenta toda la onda ecologista que predomina en el lugar, había imaginado que las bolsas de plástico eran cosa del pasado. Lo único que se me ocurre es que esta gente tenga tan internalizado el tema del reciclaje y que esas bolsas vayan después al tacho de reciclables siendo el material reutilizado en lugar de quedar tirado por décadas en basureros esperando su destrucción natural.

Mientras degustábamos la dosis diaria de maní aprovechamos para organizar “la agenda” del día siguiente. Si bien teníamos varias actividades anotadas en cada destino, no las habíamos distribuido por día ya que pensábamos hacerlo una vez en el lugar de acuerdo con pronóstico del tiempo. Como el día siguiente parecía que iba a estar lindo elegimos visitar la isla de Rangitoto ya que era una actividad 100% al aire libre.

Esa noche fue Seba el encargado de la cena: churrasquitos de cordero con ensalada de verdes, tomate y zanahoria, y unas extrañas papas dulces (que no eran batatas) al horno. Comimos unas exquisitas bolitas Lindt (otra de nuestras perdiciones), y tras leer un rato nos fuimos a dormir.

sábado, 28 de octubre de 2017

Seguimos caminando por Bay of Islands: Opua- Paihia Coastal Walkway

By Sole

Otra vez parados frente al cartel de Oromahoe road esta vez optamos por el camino costero a Paihia.

Sonaba lindo, pero el problema era que primero teníamos que llegar a la costa, más precisamente a Opua que era desde donde partía el coastal track… La soledad nos acompañó en los siguientes 4 km que fuimos caminando por la ruta de ripio abierta en medio de las colinas, delimitada por bosques a ambos lados; en todo el trayecto apenas pasaron 4 autos y 0 caminantes. Si bien el terreno era oscilante e irregular en algunos sectores, no tenía grandes desniveles. Casi al final del camino comenzaba el pavimento y las casas con sus prolijos jardines. Seguimos derecho hasta que desembocamos en una calle que bajaba hacia el muelle de Opua; los carteles indicaban que estábamos a 1,5 km del mismo.


Faltaba poco para llegar a Opua!!!
En algún punto intermedio de ese trayecto hacia el puerto hicimos una parada en un “área de descanso”; nos habían llamado la atención cuando lo habíamos visto en la ruta de Auckland a Paihia. Se trataba de pequeños parques que ofrecían estacionamiento para un par de autos, mesas de pic-nic y bancos para sentarse a descansar. Cada vez tengo más la impresión que el país está preparado para el disfrute de la naturaleza y los espacios abiertos…



Si no necesitas mesa te sientas con el banco con una linda vista!

Seguimos caminando pendiente abajo los metros que nos faltaban. Nos impresionó la cantidad y variedad de flores y plantas en los jardines de las casas, apuesto que es algo que toman bien en serio a lo que le dedican mucho tiempo y parte del presupuesto del hogar. Era raro ver alguna entrada con yuyos o con el pasto alto y descuidado. Entre tantas observaciones, y especulaciones como “podría movemos venir a trabajar de jardineros a NZ”, cuando nos quisimos dar cuanta ya estábamos en el muelle! Ahí mismo hicimos una parada en el General Store para comprar un helado y galletitas. Era el mediodía y teníamos hambre.


Llegando a Opua

A pocos metros de ahí encontramos el inicio del Opua- Paihia Coastal Walkway, un sendero de 6 km que conectaba ambas localidades. Mi primer Coastal Track!!! Los primeros metros discurrían por la playa por un entarimado sobre elevado que eliminaba el problema del nivel de la marea permitiendo la circulación cuando la misma estaba alta, para luego seguir por un camino consolidado entre plantas y arbustos que brindaban algo de protección del sol, viento y eventuales lluvias. No lo mencioné, pero en el cielo había algunas nubes bastante oscuras que anunciaban eventuales precipitaciones.



Comenzamos la caminata con marea baja

En un punto del recorrido que no puedo precisar nos encontramos con un cartel que indicaba la presencia de un mirador que estaba a 5 minutos de distancia. Siempre dispuestos a explorar un poco más allá, tomamos el desvío que escalera mediante (que pasaba por el costado de una casa) terminaba en un lookout con una vista tan limitada que hizo que no valiera la pena el esfuerzo de la subida. Justo cuando estábamos regresando al camino principal comenzó a garuar… por suerte la vegetación era bastante tupida y nos protegió las gotitas. Pronto la nube que nos cubría se desplazó unos metros y la garua cesó.


Desvío

Tramo final hacia el mirador

Vista desde el mirador

Disfrutamos mucho del recorrido que iba acercándose y alejándose en forma intermitente de la playa, pasando por sector de manglares (habiendo pasado por ese ecosistema el día previo en el sendero a las Haruru Falls entendimos de qué se trataba) justo antes de llegar a la ruta.


Entarimado sobre el manglar

A esa altura giramos, y avanzamos en forma paralela a la misma metiéndonos unos metros más adelante en un parque privado de camping para campervans. No estábamos seguros si debíamos ir por ahí o no, pero al encontrarnos con el cartel de “walkway” que indicaba el inicio del sendero luego de atravesarlo (e invadir la privacidad de los acampantes) confirmamos que no nos habíamos perdido.

Seguimos bordeando la costa, haciendo alguna que otra parada en los bancos que estaban distribuidos a lo largo del camino. Cuando estábamos a un par de kilómetros del destino volvimos a encontrarnos con la ruta que a ese nivel cruzaba una desembocadura al mar puente mediante; continuamos caminando por el sector peatonal del mismo, sin cruzarlo. A partir de ahí el track discurría entre la carretera y una playa hasta llegar a una bifurcación. Dependiendo el nivel de la marea se podía optar por seguir caminando por la playa propiamente dicha o ir bordeando la ruta. Por suerte, en ese momento la marea estaba baja y pudimos elegir la primera opción.

El cambiar de superficie, una combinación de arena con distintos grados de humedad y rocas, nos resultó divertido ya que al ir por la zona más húmeda (donde el esfuerzo era menor) teníamos que estar atentos a que no viniera alguna más ola grande que nos mojase los pies...  Los caracoles y los bivalvos que colgaban de algunas piedras también contribuyeron a la distracción. En un momento levantamos la vista y nos encontramos con un lugar familiar. Tras unas dos horas de caminata habíamos llegado.


Tramo final por la playa

Justito en ese momento se largó a llover violentamente. Como no teníamos paraguas, sólo atinamos a cruzar corriendo la calle y meternos en el primer negocio que encontramos: una licorería. Estuvimos unos dos minutos dando vueltas por el liquor place donde la variedad de bebidas era sorprendente. Seba se quedó con las ganas de llevarse alguna cervecita para después, todas venían en pack de seis y él apenas quería una. Cuando salimos ya no llovía; había sido un chaparrón aislado. Rápidamente caminamos las cuadras que nos separaban del hotel y agotados nos sentamos a merendar en el balcón siendo testigos de lo cambiante del tiempo que iba de sol a lluvia en cuestión de minutos. Nos dimos unas más que merecidas duchas y dedicamos el resto del día a leer y escribir.

Seba fue el encargado de preparar la cena: pasta Alfredo. No se imaginen que se calzó el delantal y gorro de cheff, y se puso a amasar y preparar una salsa gourmet… esas cosas las dejamos para casa. La tarea consistía en reconstituir el contenido de la caja de pasta con salsa deshidratada que habíamos comprado. Es todo un desafío sacar algo decente de ahí, sobre todo cuando uno comprueba que se requieren 250 ml de leche que no tiene… a falta de leche el agua abundaba! Habiendo decidido hacer ese reemplazo, el temerario hombre anunció “Lo voy a hacer a ojo”, lo que minutos después fue seguido de un “esto no espesa, parece que tiene mucho líquido”. De alguna manera que desconozco los fideos con salsa se cocinaron (no me atreví a entrar a la cocina), y comimos las “tres porciones” que contenía el paquete que ni siquiera llegaban a ser dos. Debo admitir que sobrevivimos a la técnica “a ojo” de Seba, y a pesar de que esta vez funcionó la próxima vez nos propusimos leer los ingredientes extras que requiere la preparación.